Y Donald… ni enterado

Gabriel Pérez

Gabriel PerezMi primera marcha fue una del Consejo Estudiantil Universitario. Tenía entonces 10 años. Entraron al Zócalo. Yo los vi. También tuve que hacer pipí en una jardinera, pero esa es otra historia.

Quizás fui a tres marchas en mi vida. Claramente recuerdo la de los 30 años de Tlatelolco. Crudo como sashimi, mi primo y yo terminamos andando a un lado del contingente de los líderes del 68.

Ese día entendí lo poco útiles que se habían vuelto las manifestaciones. Tampoco son inútiles: liberan y encausan el estrés social, permiten a bases clientelarizadas mantenerse activas, presionan de manera artificial a las autoridades para obtener beneficios cupulares, criminalizan los movimientos sociales legítimos cuando se tornan violentas. Pero sirven para pocas cosas más.

Aún así todavía decidí marchar con compañeros reporteros, fotógrafos y editores, allá por 2009 o 2010, en contra de la muerte, violencia y amenazas contra periodistas que comenzaban a crecer de manera exponencial en los estados del Golfo de México.

Como vemos, esa marcha tampoco sirvió de gran cosa.

Con todo y lo anterior, en algún momento de las últimas dos semanas consideré asistir a la caminata anti Trump que se realizó ayer domingo.

Luego supe que la marcha de la unidad andaba medio dividida. Que habría dos contingentes y que los profesionales de la protesta andaban medio ofendidos por la protesta. Eso me desanimó.

Pero si algo me convenció de no ir fueron los argumentos de quienes defendieron la marcha. No es la profundidad o simpleza de sus argumentos. Fue su amargura y violencia que basó la defensa en la descalificación a quienes los descalificaban.

Mala cosa.

Las reseñas en redes sociales, las críticas “mordaces” de mexicanos a la marcha, apoyos “ingeniosos” a la misma, fueron la nota del día, por desgracia, y Donald ni se enteró como era de esperarse.

 

Twitter: @gaboperez