Tartufo universitario

Alberto Witvrun

Alberto WitvrunLo que acontece en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) parece una comedia, porque más allá de la capacidad perversa de Gerardo Sosa Castelán para doblegar a parte de sus críticos, estos hoy acusan de falta de ética a otros por cuestionar a su nuevo patrón, convirtiéndose en patéticos panegiristas de a quien criticaban bajo el cobijo de personajes ya desaparecidos, como Miguel Ángel Granados Chapa y Arturo Herrera Cabañas.

Quien niegue la habilidad del jefe absoluto de la UAEH, quien se apoderó de ella en 1982, desconoce la historia reciente de Hidalgo, porque desde entonces es actor y factor en la política, se esté de acuerdo o no con él y con los métodos utilizados para mantener su poder en la UAEH; aunque no falta quien con una cascada de alabanzas y zalamerías pretenda borrar un pasado de acontecimientos reprobables.

Dos libros y cientos de cuartillas publicadas en medios locales y nacionales sobre abusos que incluyen varios homicidios son prueba de la ola de terror que las huestes de Gerardo Sosa impusieron en Hidalgo, por eso causan pena ajena que aparezcan Tartufos universitarios que alaban a su Orgón, cuando hace años en sesiones presididas por Arturo Herrera Cabañas e Irma Eugenia Gutiérrez despotricaban en contra de él.

Por eso me viene a la memoria esta comedia de Moliere, donde la crítica de costumbres que se atribuye a esta obra está más en el autoritarismo paterno de Orgón que en la hipocresía de su protegido Tartufo y donde una clave importante de ese poder está en la doble moral de un orden establecido: escándalo público de una conducta y práctica privada de la misma; por eso amagar con una marcha para exigir recursos no recibidos del gobierno estatal, el día en que se inaugura la XI Cumbre Hemisférica de Alcaldes.

 

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