De los que no queremos saber

David Tenorio

FOTO DAVID TENORIO COLUMNA Pareciera que en México de un tiempo acá se incorporaron a la vida política, en todos los niveles de gobierno, una élite que antes no le interesaba la política y que hoy ven muy atractiva. Esta incorporación de nuevos políticos rompe con la imagen tradicional de experimentados funcionarios públicos y partidistas. Algunos provienen de familias acostumbradas a mover los hilos del poder y desde muy jóvenes están llamados a ser herederos de los logros de sus padres, tíos y abuelos. Algunos llevan ya camino recorrido y otros apenas empiezan. No obstante, todos -en determinado momento- buscarán estar en los sitios más altos del poder. En Hidalgo existen muchos herederos del poder político, quizá su mayor carga sea el apellido. Con base en ello más de una vez han sido criticados y señalados de apartarse del vulgo, del pueblo. Algunos sí, y han dado múltiples razones al pueblo para desconfiar de quienes les gobiernan, pero no se puede generalizar ni meter a todos en un mismo saco. Los nuevos han resultado fatales para la ciudadanía: Duarte, Padrés, Medina, entre otros, a nivel estatal tenemos de manera visible el caso del hijo de Pablo Pérez, detenido al emular el ejemplo de su progenitor y al no poner a tiempo “pies en polvorosa”. Ese caso, como muchos que ya se oyen circular en la esfera política estatal y los grandilocuentes gastos de algunos de nuestros legisladores y alcaldes, forman una historia más dentro del paradigma de corrupción, paradigma que no habrá más de ser ignorado. No habrá impunidad. En Hidalgo, ni en México, se quieren advenedizos en el servicio público, en la política pues. El experimento de perfiles como los antes mencionados, una vez instaurados en las cúpulas del poder, nos miran de soslayo, aunque su origen sea el mismo que el de los demás. De esos, de los que usan relojes carísimos, cuándo ni tenían, zapatos y ropa de marca. De esos que viajan constantemente al extranjero y compran condominios tasados en miles de dólares, de esos no queremos saber nada. Necesitamos seriedad política y vocación de servicio, como lo pregonaban Aristóteles y Platón. De los que sí queremos saber son de los que permanentemente dan muestra de sencillez, humildad, de aquellos que con un abrazo saben cobijar con la sombra del poder, aquellos que con voluntad de servicio viven para servir, de esos que al tender la mano hacen sentir su apoyo. De esos sí queremos saber.

 

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