Laberinto

Andrés Torres Aguirre

Andres Torres AguirreDesde hace mucho tiempo Hidalgo vive en una bivalencia política, que tiene su núcleo en el hecho de que el secretario de Gobernación, Miguel Osorio, es un líder “tricolor” cuya fuerza de gravedad atrae todo e influye en todo.

Los escenarios electorales hacia el 2018 dependen, literalmente, de que el secretario sea o no candidato a la Presidencia de la República y en una sentencia tan simple de escribir hay una complejidad más profunda que cualquier océano inexplorado.

Los primeros efectos de esta situación los vivimos en la administración estatal pasada, donde fue evidente la rivalidad entre olveristas y osoristas, una que oficialmente negaban pero que se hizo más y más grande al paso de los años.

Como en el clásico de Shakespeare, los Capuleto y los Montesco rivalizaron hasta que la tragedia envolvió a las dos familias; hasta hoy, son los olveristas quienes más resienten el peso del drama, pero aún falta saber si las decisiones cupulares del PRI sacarán a flote a sus contrapartes.

Adelantados presentan listados de candidatos a senadores, diputados federales y diputados locales, olvidan que primero debe llegar el desenlace de esta historia para de ahí partir.

Juran y perjuran que Nuvia Mayorga, la titular de la CDI será candidata al senado, pero la predicción se basa en que el exgobernador Osorio sea candidato a la presidencia.

¿Si no es así? Entonces vendrán otros nombres que nadie ha siquiera contemplado: Fernando Moctezuma, Pedro Luis Noble, Gerardo Sosa.

Desde mi perspectiva el principal olvido en este tema de la predicción electoral es la posición preponderante del actual gobernador de Hidalgo, Omar Fayad Meneses.

El mandatario se mantuvo a buena distancia de las disputas internas del PRI, ha sido leal a sus aliados y será él el único filtro (sea cual sea el final de la carrera presidencial) para determinar candidaturas.

 

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