Harassment sexual

Amira Corrales

Amira CorralesDebido a que el tema es de extrema actualidad, hablaremos del acoso sexual, principalmente en el área de trabajo. Me llama la atención, cómo algunas personas, incluidas mujeres, ponen en la mesa la discusión del derecho a coquetear o seducir de los varones con la ofensa de las mujeres por ese avance, reduciendo con ello la importancia que tiene hacer denuncias públicas sobre una de las violencias más recurrentes por personas poderosas y menos discutidas en los medios. Creo que si no sabes la diferencia, seguro la has sentido. Porque la mayoría de mujeres que trabajamos remuneradamente alguna vez hemos sido acosadas u hostigadas sexualmente por un varón jefe o compañero y una poca suma de varones lo ha sido por una mujer poderosa. Al grano, ¿qué se entiende por acoso sexual? Retomaré la tradición estadounidense que en los años 70 acuñó el término harassment sexual (acoso sexual) denunciando la existencia de chantajes sexuales en la esfera laboral que eran considerados comúnmente como “normales” -alguien se atrevió a decir que “era el castigo que debían sufrir las mujeres por trabajar y dejar sus hogares”-, y logrando con ello la primera legislación contra el acoso sexual laboral en el trabajo, en la segunda mitad de esa década, misma que fue importada a varios países. De tal manera que el origen del término, como de la denuncia es estadounidense, por lo que vamos comprendiendo mejor lo que está pasando en Hollywood. Más tarde, la corriente latinoamericano, distinguió entre acoso y hostigamiento sexual: acoso por parte de compañeros de trabajo, hostigamiento por jefes en niveles jerárquicos mayores a los de la víctima. De acuerdo a lo adoptado por la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer de Beijing, en el que es necesario el reconocimiento público e institucional de que los derechos de las mujeres son Derechos Humanos, no cabe en mi cabeza, el argumento absurdo de que el derecho de los hombres a “coquetear” se debe respetar más que el derecho de las mujeres a vivir una vida libre de violencia sexual, física y emocional. Aún no se ha aceptado que se debe respetar el espacio físico y mental de cualquier persona.