La excepción a la regla

Carlos Camacho

 Si siete de cada 10 mexicanos rechaza al gobierno de Enrique Peña Nieto y seis de cada 10 no votaría “nunca” por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), entonces esos mexicanos no están en Tula, uno de los municipios más importantes económicamente no sólo de Hidalgo, sino del país.

El encono contra los priistas se ocultó ayer en un mitin que encabezó el candidato plurinominal al Senado de la República, Miguel Ángel Osorio Chong, quien fue ovacionado, vitoreado, y tratado casi como estrella de rock, por una multitud que se congregó en el teatro del pueblo, en el jardín más antiguo de ese municipio.

En 1998 Tula de Allende pasó a la historia electoral del país, pues en ese municipio la ciudadanía le dio la espalda al candidato presidencial del PRI, Carlos Salinas de Gortari, y emitió su voto a favor del michoacano Cuauhtémoc Cárdenas.

Ese municipio también estrenó a un partido de oposición (PRD) y le dio el triunfo para la alcaldía al ahora morenista, Ricardo Baptista González.

Fue entonces, en este municipio, donde Miguel Ángel Osorio se dio su baño de pueblo, donde recibió muestras de afecto y donde también se comprometió, ahora como candidato plurinominal al Senado de la República, a regresar a rendir cuentas de su actividad como legislador y también comprometió a los candidatos que por la vía del voto en las urnas deberán ganarse su espacio: Nuvia Mayorga, Alejandro González, candidatos al senado, y Cuauhtémoc Ochoa, candidato a diputado federal.

Luego de su discurso, interrumpido varias veces por las porras y vítores, se separó de sus compañeros candidatos y caminó rumbo a su vehículo, lo que le tomó tiempo, pues mucha gente se le acercaba para tomarse la “selfie”, para pedir algo o simplemente saludarlo.

Aunque, al interior del PRI, preguntaba qué tan bueno es eso que Osorio, con su presencia, desplace a sus propios compañeros, que tienen que luchar por ganar en las urnas.