La agenda nacional

Amira Corrales

 Las mujeres mexicanas queremos estar presentes en la agenda política nacional. Es difícil imaginárselo, ya que los gobiernos “de centro” no han hecho más que darnos largas y los de izquierda han cumplido a medias sus promesas. Como no sé cuál es la ideología del presidente electo respecto a temas de importancia mayúscula para las mujeres, como la atención, prevención y sanción de los delitos violentos contra nosotras y las niñas, principalmente la erradicación de feminicidios o de la impunidad de estos magnos delitos, la atención a la salud sexual reproductiva, principalmente dejar la tasa de mortalidad por maternidad en cero, protección de nuestros derechos humanos y de nuestro cuerpo, como despenalización del aborto, eliminación de delitos de trata de mujeres y niñas, específicamente como mercancías sexuales, protección de la infancia y sus derechos, educación libre de estereotipos  reproductores de roles tradicionales de género y con contenidos sobre educación sexual, así como muchos otros… me permitiré hacer un humilde llamado a quienes durante los próximos seis años guiarán nuestro destino político y a quienes, desde lo local, nos gobiernan sin una política clara en materia de equidad e igualdad de género: las mujeres somos mayoría poblacional y electoral, que por puro principio democrático deberíamos estar en la cima de la agenda política nacional y local, pero no es así. Y no lo es porque como ciudadanía compartimos una cultura tradicionalista, que ve a las mujeres como seres inferiores, que se controlan y someten, que no tienen los mismos derechos que el resto de la población. Ese patriarcado disfuncional hace que las agendas se llenen de todo tipo de menesteres menos importantes que los de nuestras necesidades y dignidades básicas, como el derecho a la protección de la vida y la libertad. Hoy que el próximo gobierno nacional tendrá por primera vez un gabinete paritario, donde algunas de las futuras secretarias tienen perspectiva de género, aunque no lo sé si el presidente electo, podríamos albergar la esperanza de que nuestras exigencias se vean hechas realidad, aunque sean las más insignes.