Los retos de Raúl Arroyo

Carlos Camacho

Los comentarios personales, en las redes y en otros espacios de opinión, son favorables, quizá de la misma magnitud de los retos que enfrentará a partir de ayer Raúl Arroyo, el nuevo titular de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Hidalgo (PGJEH): generar, con hechos y acciones una percepción ciudadana favorable al área del gobierno encargada de procurar justicia a favor de los hidalguenses.

Si bien para algunos fue repentina la salida de Ramiro Lara Salinas del encargo que le otorgó el Congreso del estado, aún antes de que el gobernador Omar Fayad Meneses iniciara su administración, el primero de septiembre de 2016, la encomienda concluyó dos años antes de lo establecido.

Las razones de su salida, oficialmente, fueron “personales”, las políticas, que esperar al nombramiento el titular de la PGJEH hasta septiembre de 2019, sería un asunto muy espinoso, pues la próxima Legislatura tendrá una aplastante mayoría de legisladores de Morena, en teoría nada afines a un Poder Ejecutivo emanado del PRI.

Hoy, con antelación, se opta por el relevo con un personaje cuya trayectoria como abogado ha sido reconocida por diversos sectores de la sociedad, no sólo en Hidalgo, pues fue delegado de la PGR en el Estado de México, de donde regresó sin pendientes por atender.

No es amigo del gobernador Omar Fayad, ni pertenece a su círculo íntimo, como pudiera presumirse de Lidia o Carlos Muñiz, quienes inicialmente se perfilaban para tal encomienda.

Eso es una señal hacia la ciudadanía de que no llegan a los cargos los amigos o los incondicionales, lo cual es una buena señal, que permite de entrada, pensar en que el nuevo titular de la PGJEH actuará con verdadera autonomía.

Por otro lado decir que es parte de la concordia promovida por el gobernador Fayad, en alusión al Grupo Universidad también es un equívoco, pues el propio Arroyo dijo en su presentación con los legisladores que hace 15 años se deslindó del grupo que encabeza Gerardo Sosa.