Monstruos

Juan José Herrera

Señalado en más de una ocasión por fungir como grupo de presión e identificado con cualquier partido político que brinde prebendas a sus liderazgos, el denominado Movimiento Antorchista (antes Antorcha Campesina) prevalece como uno de esos males sociales imposibles de suprimir.

Por supuesto que muy pocos creyeron a la lideresa del organismo en Hidalgo, Guadalupe Orona, hace apenas unas semanas cuando prometió de su ronco pecho 200 mil votos para el PRI y su hoy excandidato presidencial, José Antonio Meade, pues según ella mantiene influencia en cuando menos 60 municipios hidalguenses.

Acostumbrados a la vida nómada, los antorchistas de a pie; es decir, quienes en realidad sustentan al cada vez más desnutrido cuerpo, son expertos en instalación, levantamiento y traslado de campamentos, cuya movilidad atiende a las circunstancias y deseos de su dirigencia y en instantes precisos para el aprovechamiento de coyunturas políticas y si no, habría que preguntar en Plaza Juárez o en la sede del ayuntamiento capitalino, donde suele padecerse dicha presencia, justo como ayer.

Hay que recordar también que, hace apenas unos meses, corrió por redes sociales y diversos medios un video que dio muestra de algunas opulencias de las que sólo gozan y gozarán sus cúpulas, con vehículos de lujo para su traslado, incontables terrenos y propiedades imposibles de explicar desde la transparencia de recursos, así como otros dispendios que ratifican la urgente necesidad de transformar, al igual que a los sindicatos, a esta clase de agrupaciones y que, por cierto, no está todavía en las pretensiones del recién presidente electo.

Apenas el pasado martes, antorchistas apostados en la colonia Parque de Poblamiento, en Huejutla, calificaron como “represión” un acto legal de desalojo en el que intervino la fuerza pública, sin mencionar siquiera que una de las acciones más conocidas de los antorchistas es la invasión de predios, donde suelen construir viviendas para luego exigir toda clase de servicios a los gobiernos en turno.

La incongruencia tiende a revelarse cuando la edificación de supuestas luchas está fundamentada en beneficios propios o para unos cuantos.

Retomo las propias palabras de la lideresa Orona Urías, lanzadas durante uno de sus encuentros semanales acostumbrados en conocido restaurante de Pachuca donde es común hallarla a la hora del desayuno: “Nosotros creamos los monstruos como sociedad y después nos asustamos de las consecuencias”.

Los mismos “monstruos” que suelen moverse a diestra o siniestra, según convenga.

 

      Twitter: @juanjo_herrerap