No la pueden ni ver

Andrés Torres Aguirre

El conflicto que vive la Universidad Politécnica de Pachuca (UPP), donde un excatedrático impulsó una gran protesta porque, supuestamente, había sido objeto de abusos y arbitrariedades tiene, como él mismo lo dijo, un trasfondo político sí, pero no el que él argumenta sino uno que tiene que ver con la universidad del estado.

Hace unas semanas el exdocente universitario inició una huelga de hambre a la que solidariamente respaldó su familia, un hermano que también es exdocente y un sobrino que es alumno irregular.

Con la atención de los medios de comunicación sobre ellos escenificaron penosos incidentes con las autoridades y cuerpos de auxilio, incluyendo al alumnado en un intento de bloqueo a la carretera Pachuca-Tepeapulco.

Lo que olvidó decir este exdocente es que su tema era un asunto laboral, no educativo, ya que si había algún abuso o irregularidad en su separación hay vías legales para defender sus derechos pero nunca se puede hacer esto, pisoteando los de otros.

Nadie supo que hay nexos confirmados del Grupo Universidad, dirigido por Gerardo Sosa, sobre la UPP. Casualmente no se mencionó que desde la creación de la Politécnica de Pachuca, Sosa y su grupo sienten vulnerados sus intereses sobre los miles de jóvenes que cada año buscan un lugar en las escuelas superiores de Hidalgo. La peor ofensa fue la creación de la carrera de Medicina, ya que es un terreno que los universitarios asumen como espacio exclusivo.

Precisamente, hace algunos años, cuando la matrícula de la UPP incrementaba sustancialmente, Sosa movió sus tentáculos para obstaculizar las rutas de transporte público de pasajeros hacia las instalaciones de esa institución. El conflicto no fue resuelto del todo pero las autoridades lograron que los jóvenes contaran con el transporte y hoy esa universidad tiene una matrícula de 5 mil alumnos, mientras que la demanda de ingreso aumenta.

Otra cosa que les molesta a los viejos universitarios, es que dentro de la plantilla docente de la UPP hay cada vez más doctores y maestros preparados en las mejores universidades de México y el mundo. De estos, un número importante son miembros del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), perteneciente al Conacyt.

Lamentable resulta que la educación superior en Hidalgo sea para un grupúsculo, tema de cotos de poder político y económico; evidentemente para ellos, pasa segundo término el principio básico de generar mejores condiciones para las familias con opciones eficientes para la educación y superación de miles de jóvenes.