No hay quinto malo

Carlos Camacho

La madrugada de este martes, afuera de mi domicilio, fue desvalijado el auto de una de mis dos hijas. Los “especialistas” operaron con calma, abrieron el auto, sin que sonara la alarma, sin dañar cerraduras o romper cristales, para desatornillar y desprender el equipo de sonido y cerrar cautelosamente, sin que nadie se diera cuenta.

Dos noches antes, el domicilio de un vecino, en el fraccionamiento Campo de Tiro, fue visitado por ladrones que hurtaron varias pertenencias, pero a la noche siguiente “volvieron por el resto” y vaciaron la vivienda.

¿Valdrá la pena señalar que el fraccionamiento Campo de Tiro está muy cerca de las instalaciones de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal? Pareciera que no, pues en la zona los atracos, robo de autos y a casas habitación si no son cosa de todos los días, ocurren con mucha frecuencia.

Las patrullas de los cuerpos de seguridad, pasan sí, pero sobre el bulevar El Minero, pocas veces entran a las calles de la colonia y sólo un vigilante privado, que por la módica cantidad de 20 pesos por semana, hace tareas de velador, aunque no recorre toda la colonia, por su propia seguridad.

Es, en mi caso, la quinta vez que sufro un robo de esta especie y en ninguno he recuperado lo perdido, pese a las denuncias de por medio. Para quien sufre un hecho semejante se convierte en un viacrucis intentar buscar que se haga justicia, pérdida de tiempo, gastos no programados y el desdén de autoridades.

Todo eso desalienta a la víctima y anima a los delincuentes, que, sabedores de la impunidad que impera en nuestro país, continúan con su labor delictiva, a sabiendas de que poco o nada se hará en su contra, aún siendo detenidos por los agentes encargados de darnos seguridad.