Honestidad

David Edmundo López García

 La honestidad como valor es fundamental para el desarrollo integral del individuo y de él se desprenden otros que conforman a la persona como un ente racional, equilibrado y con calidad existencial. Este valor constituye la piedra angular, en la base y arquitectura, del templo personal que todos deberíamos poseer.

En el trascurso de la vida aprendemos algunos valores en el hogar, otros los adquirimos con ejemplos vivenciales de buena o mala manera. Algunos de los valores como la fraternidad, solidaridad, sinceridad, amor al prójimo, etc. los adoptamos y al hacerlo, poco a poco transformamos nuestro actuar, así nuestra conducta cambia a través del aprendizaje.

Este conjunto de valores y conocimientos son sustentados por la honestidad de quien los posee. El hombre desde su aparición como ser biológico y psicosocial, elabora ideas básicas, permanentes, algunas veces equivocadas. Su asimilación y construcción los transforma en paradigmas que son ideas radicales del ser humano.

Los paradigmas dictan la conducta, principalmente en el aspecto moral y social de tal manera que determinan las características del individuo. En un medio social pueden ser aceptadas, pero en otro no.  Si somos honestos y consientes aceptaremos esto como un hecho.

Cuando hemos conocido otros puntos de vista,  debemos tener nuestra mente abierta al cambio, un nivel que parece sencillo y sin embargo cuesta bastante. El esfuerzo, sensatez y la prudencia logran transformar nuestro paradigma en uno nuevo y modificado; esto es positivo porque incita al cambio. Nuestra existencia está llena de paradigmas y esto revela de que somos capaces con honestidad para vislumbrar  que hay otros mejores: ¿asimilaremos nuevos? En la medida que reconozcamos como somos y que tan capaces estemos dispuestos a cambiar, fortaleceremos nuestra honestidad como individuos. (Agradezco a Melquiades Solano Cabañas por sus luces para la elaboración de esta columna).