Proximidad

David Tenorio

El 1° de septiembre de 1917, por primera vez, el presidente Venustiano Carranza informó “sobre el estado general que guarda la administración pública del país”, en cumplimiento de la nueva Constitución, donde los artículos 65 y 69, disponen respectivamente que el Congreso se reúna el 1º de septiembre de cada año para celebrar sesiones ordinarias y que el Presidente de la República asista a la apertura de sesiones del Congreso para presentar un informe por escrito.

A partir de entonces el informe presidencial ha sido el 1º de septiembre, con tres excepciones: la de Obregón el 7 de febrero de 1921 durante la apertura de un periodo extraordinario de sesiones del Poder Legislativo; durante la transmisión del poder de Portes Gil a Ortiz Rubio, el 5 de febrero de 1930; y el 1º de noviembre de 1994, cuando el presidente Salinas presentó su último informe de acuerdo con una nueva fecha de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, fecha que al año siguiente fue cambiada de nueva cuenta al 1º de septiembre.

La obligación de informar tiene su sustento en el espíritu constitucionalista de la rendición de cuentas, que es “la obligación de todos los servidores públicos de informar, explicar y justificar sus actos al público, que es el último depositario de la soberanía en una democracia”. La obligación aplica también para los gobiernos estatales, aunque durante mucho tiempo fue en las entidades del país, un acto más bien protocolario, dirigido a las élites, más a que al pueblo.

Hoy la sociedad cada vez más participativa y crítica exige resultados, mayor transparencia y desde luego exigen y valoran que se les informe sin el gasto oneroso que acompañaba a este ejercicio constitucional. Existen figuras públicas que lo han atendido así y que bajo la figura de la proximidad escuchan e informan directamente de los logros, y beneficios que hay para la sociedad misma.

Bienvenida la nueva forma de cumplir con la obligación constitucional de informar.