Un poco de historia

David Tenorio

Francisco Eppens Helguera nació en 1913 en San Luis Potosí, en el seno de una familia suizo-mexicana dedicada al comercio. Estudió pintura y escultura en la Academia de San Carlos.

En 1968, a unos meses del inicio de los XIX Juegos Olímpicos en México, el Presidente de la República, Gustavo Díaz Ordaz, le encargó unificar en un diseño el Escudo Nacional. En ese entonces los diseños eran variados y carecían de uniformidad, la instrucción presidencial era encontrar un diseño único para la bandera, las monedas, los sellos y los documentos oficiales. Con la encomienda presidencial de que se modificara el diseño del águila que en ese entonces figuraba agachada.

La tarea encomendada a Francisco Eppens es la solución gráfica que prevalece hasta el día de hoy y que visualizamos en las monedas, documentos y sellos oficiales y en nuestro lábaro patrio.

El artista se inspiró para su diseño en la leyenda de la fundación de Tenochtitlán. El cuerpo del águila ahora es erguido, con la cabeza en alto y con gran expresividad, ya no está agachada y para los aztecas era el símbolo con el que se representaba la fuerza cósmica del sol. Eppens fue quien introdujo por primera vez una serpiente de cascabel, que representa la fusión de las fuerzas potenciales de la tierra en la imagen de la serpiente. El lago está representado por un glifo prehispánico, con tres caracoles y tres chalchihuites, círculos que representan el jade y la turquesa. La garra izquierda del águila se posa sobre el nopal, fiel a la leyenda de la fundación de Tenochtitlán. El nopal además de representar un alimento prehispánico por excelencia, es una planta propia del paisaje mexicano.

Por disposición oficial, tres modelos del Escudo Nacional permanecen, uno en el Archivo General de la Nación, uno en el Museo Nacional de Historia y otro en la Casa de Moneda.

Este 2019 se cumplen 50 años de haberse creado.