Justicia y Juicios Orales (3/3)

David Edmundo López García

 Desde un punto de vista realista, el proceso se manifiesta mediante un cálculo de la fuerza probatoria del asunto. Las partes en el proceso deben hacer un juicio de anticipación respecto de lo que ocurrirá en el juicio oral para determinar si deciden litigar el caso hasta esa instancia o si prefieren más bien alguna otra vía. De ahí que no sea correcto decir que el juicio oral es excepcional, antes bien es el horizonte permanente a partir del cual cada una de las partes toma las decisiones del caso.

El Ministerio Público debe construir su estrategia de política criminal tomando en cuenta al juicio oral, también debe hacerlo para la dirección de la investigación y para la elaboración de la teoría del caso. La mejor estrategia debe decidirse anticipando lo que ocurriría en un juicio oral y, a partir de ahí, organizar las posibles salidas del asunto.

El imputado y su defensor, por su parte, también deben anticipar el escenario del juicio oral para organizar y tomar decisiones fundamentales en el curso del proceso.

La noción procedimiento es típica de los modelos inquisitivos, en el sistema acusatorio proceso es una denominación más acorde con el cambio que se pretende. Es cierto que, si bien no es dable hablar de proceso sino hasta que se ha perfeccionado el triángulo procesal entre acusador-imputado-juez, la noción de procedimiento penal no es acorde con las características del nuevo modelo acusatorio.

La razón de ser de todo este sistema está dada en el fin del proceso, el establecimiento de los hechos delictivos y de la responsabilidad del imputado mediante un sistema de reglas instrumentales a los principios que tienen por objeto vencer la pretensión de exculpación sin violar derechos fundamentales que le dan contenido al debido proceso legal. (Agradezco a José Vélez Laredo su participación para la elaboración de esta columna).