Los Charrez Pedraza, vocación por ambición

 Carlos Camacho

Carlos CamachoEn la década de los 90 se dieron a conocer y trascendieron en los medios informativos: anunciaban entonces que por problemas con la comunidad y la desatención de las autoridades locales de Ixmiquilpan, un grupo de vecinos encabezados por la familia Charrez Pedraza, decidía separarse de su comunidad y crear la propia que se llamaría Villa de la Paz.

Entonces, los hermanos Cipriano, Vicente y Pascual, se darían a conocer en la región del Valle del Mezquital, por su lucha desinteresada en favor de sus coterráneos, para quienes buscaban el bienestar que las autoridades formales les negaban por su condición de indígenas y su rebeldía.

Los tres con estudios superiores, incluso en el extranjero, un lenguaje singular para el común en la zona indígena del Valle del Mezquital, se iban convirtiendo en líderes naturales, comprometidos con los suyos.

El tiempo pasó y los tres hermanos alcanzaron notoriedad en el terreno político, que los ha colocado en posiciones de privilegio.

Cipriano ha sido alcalde y ahora diputado local por el distrito de Ixmiquilpan; Pascual, le sucede en la presidencia municipal y Vicente dirige una organización campesina.

No militan, o más bien no los abanderan los mismos partidos. Han tenido esa habilidad de pasar de un lado a otro sin empacho, hasta alcanzar sus propósitos de ser representantes populares.

Sus métodos, de lucha y para alcanzar sus metas, han sido ampliamente difundidos y su ambición no ha tenido freno. Es más, hasta ha sido solapada por las autoridades competentes.

Para no ir tan lejos, ahora tanto Cipriano como Pascual se acusan mutuamente (ya en una contienda política ambos se enfrentaron y salieron a relucir las armas de fuego). Cipriano denuncia a Pascual de nepotismo pues ha colocado a sus familiares en cargos dentro de la administración municipal, lo que se definiría como nepotismo.

Pascual le responde, que lo que busca es encubrir a sus “25 concubinas” a las que habría incluido en la nómina municipal, cuando él fue alcalde. Al margen de sus dotes de Don Juan, de ser así, la autoridad tendría que poner freno a esto que empezó como una lucha por vocación y se trocó en vulgar ambición de los hermanos Charrez Pedraza.

 

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