Despidos… ¿justificados?

Carlos Camacho

 

Carlos Camacho “Me corrieron sin más argumento que un hasta aquí”. “A mí me dijeron que no me presentara que me iban a llamar”. “Mejor a mí que a esas viejas huevonas que por irse a tomar con el jefe, ahí siguen”.

Son algunas de las expresiones de aquellas personas que laboraban en alguna dependencia del gobierno estatal y que sufrieron el recorte con el relevo en el Poder Ejecutivo. Algunos incluso desde antes.

A mediados del año la anterior administración pidió a la mayoría de empleados desde el nivel de subsecretario hasta el nivel 8 su respectiva renuncia, como un mero trámite que no tendría repercusiones, dijo en su momento Aunard de la Rocha, el secretario de Finanzas y Administración.

Efectivamente es una práctica común que, a la llegada del nuevo gobernador, los secretarios de despacho presenten su renuncia, lo mismo que los subsecretarios y directores generales.

Ahora la medida se extendió más allá y provocó enojo e incertidumbre en la mayoría de los trabajadores del gobierno estatal, muchos de ellos con más de dos décadas laborando para el Poder Ejecutivo.

Omar Fayad Meneses ha sido insistente en aclarar que no habrá despidos masivos y que aquellos que justifiquen su plaza no tienen de qué preocuparse.

Pero si los despedidos efectivamente cumplían con su labor y los que siguen apoltronados en su respectivo sillón, entonces se generará un severo problema, máxime cuando una de las principales demandas ciudadanas es empleo.

Nada se ha dicho aún de esas personas que por tener vínculos con algún personaje encumbrado en la política hidalguense es integrado a la “nómina especial”, esa que ha servido para colocar al amigo, al compadre, al hermano o a la amiga, sin que tenga que desquitar el dinero que mensualmente cobra… que no es poco, por cierto.

Ya que se habla de transparencia y cero tolerancia a la corrupción, ahí hay un tema, que no es menor.

 

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