Buen comienzo

Juan José Herrera

Juan José HerreraEl mensaje es más que claro, contundente: nada que huela o tenga que ver con Olvera. Así de fuerte, por ello aunque en principio se dijo que no habría despidos masivos hoy la realidad es otra.

Por eso la celeridad en la entrega de renuncias, su validez y la cada vez menos factible posibilidad de recontratación para muchos y muchas que ya se hacían otra vez al mando de algunas direcciones.

Lo acontecido en el Sistema de Radio y Televisión es tan sólo la punta del iceberg; los señalamientos por contratos de obra otorgados a un solo personaje; los prestanombres, los “diezmos”; los “moches”; la cada vez más pública presencia de irregularidades y desvíos al interior de la LXII Legislatura; un verdadero mugrero que no queda ahí sino que se expande, aunque aún sin consecuencias legales.

Conforme avanzan las semanas llegan a todos los ámbitos más casos de dependencias estatales con problemas serios de dineros “desaparecidos”.

No hubo acuerdos, no tras los consabidos rompimientos, para cubrirse las espaldas, porque la encomienda inicial es “que las finanzas sean como una caja de cristal”.

La desgracia es tal que en algunos organismos ya hubo “confesiones” de otrora “leales” a un sistema sin tapujos hacia el enriquecimiento ilícito: “porque tal secretario o secretaria así lo hacía y pedía”, –“¿Y usted estuvo de acuerdo?”– “Pues sí”; –“¿Aunque constituyera un acto de corrupción?”; – “Es que si no me despedían”­.

Los diálogos internos (dentro de secretarías, institutos y hasta consejos) son de preocupación y no es para menos.

La llegada de un hombre como Omar Fayad al poder sacudió, incluso hasta en algunas redacciones donde hoy la incertidumbre muerde pero no amordaza.

Los recortes (económicos y de personal) alcanzan, como nunca antes, rubros y temas que en otras épocas nadie pensaría.

El freno al inservible Tuzobús marca el camino de lo que algunos ya miran como populismo; sin embargo, basta observar quejas y las propias anomalías para operar adecuadamente este sistema.

Las líneas de acción, las visitas “sorpresa”, el discurso, o el carisma para vender un antiguo-nuevo producto político, la inmediatez de respuesta, la soledad de la memoria, el hartazgo social, los instantáneos fulgores, compromisos, lenguaje corporal, la palabra y la redención dentro del propio círculo de fuego; vicios incrustados como cristales en la piel de un gobierno que durante décadas de olvido fraguó la desconfianza, hoy presa que se mueve a través de una mira “telescópica”.

La sed y el hambre del otro lado, allende a las ciudades. Las instrucciones precisas…

Esto apenas empieza; ¿representa un buen comienzo?

 

      Twitter: @juanjo_herrerap