Caen peces chicos

Carlos Camacho

Carlos CamachoLa Procuraduría General de Justicia del Estado de Hidalgo (PGJEH) informó ayer respecto de la detención de dos agentes de la Dirección General de la Policía de Investigación, Grupo Tepeji del Río, acusados del delito de “extorsión calificada”, en perjuicio de dos comerciantes a quienes extorsionaron con 5 mil pesos (aunque pretendían 10 mil).

Conforme a la información oficial, el 22 de septiembre pasado comerciantes de Tepeji del Río denunciaron, a través de las redes sociales, que eran extorsionados por dos policías, quienes los acusaban de vender “mercancía ilícita” y pidieron 10 mil pesos para no “afectar a su familia”, aunque los comerciantes sólo entregaron 5 mil pesos.

El 23 de septiembre se inició la carpeta de investigación 12-2016-09322 y los afectados identificaron plenamente a los agentes. El 4 de octubre el juez dictó orden de aprehensión contra los agentes, por el presunto delito de “extorsión calificada”, bajo la causa penal 64/2016.

Los dos servidores públicos están ya recluidos en el Centro de Readaptación Social (Cereso) de Tula, para seguir el proceso.

Javier Ramiro Lara Salinas, procurador de justicia, ha dicho que este tipo de acciones se enmarcan en la política del gobernador Omar Fayad Meneses respecto a “cero tolerancia contra la corrupción”, y eso suena muy bien, pero para la ciudadanía parece ser insuficiente.

El propio Fayad Meneses ha abierto varios flancos sobre áreas de la administración pública donde en la anterior administración se habrían cometido actos de corrupción. Entre ellos ha señalado a la Secretaría de Educación Pública, la Secretaría de Salud y el propio Poder Ejecutivo, único facultado para la autorización de patentes de Notarías Públicas, de las cuales se entregaron 23 antes de finalizar la anterior administración.

Hoy la ciudadanía espera el resultado de las investigaciones y si habrá sanciones sobre los presuntos responsables de actos ilegales, pues de lo contrario las declaraciones tronantes del Ejecutivo estatal generarían desencanto social, pues quedarían en el mero discurso del que, por cierto, la ciudadanía está cansada.

 

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