La libertad de vestir

Amira Corrales

Amira Corrales En una ciudad de libertades, las personas se dan el lujo de acudir a lugares poco o muy convencionales, pero con el gusto que les da la apertura y naturalidad con la que se toman esos asuntos. Eso comúnmente sucede en ciudades grandes y cosmopolitas, como la recién nombrada Ciudad de México.

Como sabemos quienes la frecuentamos debido a la cercanía con nuestro terruño provincial, apreciamos lo espectacular de sus centros de diversión, pero al mismo tiempo nos sorprende la aceptación de su diversidad. En cercana ocasión, buscando un apetecible lugar para cenar, paseábamos por fuera de varios centros de diversión para todos los gustos, y fuera de uno se exhibían hombres vestidos de mujeres, pero a propósito. Escuché a un niño decir: ¡ya ves mamá cómo sí hay mujeres con barba!, comentario que sacó carcajadas de mis compañeros de paseo. Para explicarle al niño, primero deberíamos tratar de entenderlo nosotros. Esas personas eran travestis, hombres vestidos de mujeres, hombres que conservaban su apariencia masculina, pero que usaban ropa y arreglo femenino. Este tipo de travestismo es usado como fetiche; es decir, como objeto a través del cual puede ocasionar excitación a quien lo usa, porta, ve o siente.

Dice la literatura que sólo los hombres son travestistas, debido a que la vestimenta de los hombres es muy rígida, como se los indica su rol de género: sólo pueden usar pantalón, o zapatos cerrados, o trajes con corbata, mientras que las mujeres podemos usar todas esas prendas y además las nuestras, sin ser consideradas travestis, debido a la flexibilidad del rol femenino. Sin embargo, la realidad es otra. En un pequeño estudio, para conocer si las estudiantes de bachillerato que usan uniforme, quisieran incluir el pantalón en el uniforme diario, y cuando la mayoría de las entrevistadas contestó que sí, por cómodo y “calientito”, encontré otras estudiantes, de una comunidad, que prefieren usar la falda, porque las hace más “femeninas”. Entonces, el pantalón es una prenda que aún puede considerarse masculina o poco femenina por algunos sectores, por tanto, las mujeres sí podríamos ser travestis por usar pantalón. ¡Viva la Bloomer! Continuará…

 

Twitter: @AmiraCorrales