El paste, toda una industria

Aída Suárez

 

Aida SuarezHay cosas que no se pueden negar, y la herencia de la gastronomía dejada por los ingleses cornish o cornwalleses, es más que obvia. Se presume que en Mineral del Monte fue la primera ocasión en que se prepararon los pastes de acuerdo con la costumbre culinaria de estos mineros que llegaron, algunos con sus esposas, a partir de 1824.

Y desde entonces, primero de forma muy casera tanto en el Real como en Pachuca se prepararon los pastes tradicionales rellenos de carne, papa y poro.

En tierra mexicana no tardaron en agregarle el ingrediente que no puede faltar en un plato de las tierras tricolores: el chile. Sí, algo picante “para que sepa”, dice el lenguaje conocedor.

Por años, por lo menos hace unos treinta en que yo las recuerdo, vendían los pastes unas señoras en el portal del Jardín Constitución, los mantenían calientes en unas canastas envueltos en servilletas de tela.

Más tarde se abrieron negocios en el Real, Pachuca y ahora en todas las salidas de carretera. Se ha convertido en toda una industria gastronómica con el riesgo de que el paste pierda su receta original.

Ante tal situación, hace unos años fue creado el Consejo Regulador del Paste, por empresarios de Real del Monte, para tratar de regular la elaboración de este manjar.

Y hace ocho, realizan el Festival Internacional del Paste. Sus hermanos de Redruth, Cornwall los han imitado y llevan a cabo, desde hace cinco, un festival similar, ellos con el fin de que este alimento permanezca en el gusto de sus habitantes y se mantenga en las siguientes generaciones.

Wilfredo Soto, presidente de este Consejo Regulador del que le hablaba comenta a propósito de este Festival, que este año la organización mejoró mucho y la disposición de pasteros y público, ha crecido.

El de frijol es mi favorito. ¿El de usted?

 

Twitter:@AidaSuarezCh