Romperse el alma

Juan José Herrera

 Juan José HerreraFue durante el mandato del hoy secretario de Gobernación, Miguel Osorio, cuando el Congreso hidalguense actualizó y puso en marcha la denominada Ley de Fomento Artesanal, normativa que a la fecha quedó en el papel pues no hay beneficios palpables para los artesanos hidalguenses.

De la mano de una Secretaría de Turismo, más preocupada por otras nimiedades que por un verdadero trabajo en materia de promoción de las riquezas del estado, la Casa de las Artesanías Hidarte, ubicada en Pachuca, se transformó con el tiempo en una agencia de “modas”, más que en un punto idóneo de venta para quienes viven de la orfebrería.

En voz de los propios productores, “expulsados” por las circunstancias de dicho espacio comercial, hoy son los intermediarios quienes reciben las ganancias en el tema, pues muy pocos conservan el nexo con un sitio que usufructúa a través de la figura de la consignación y que a veces tarda hasta un mes o más en pagarles.

Quizá los esquemas y la visión, tanto de la propia Secretaría de Desarrollo Social como la de Turismo, responsables de darle impulso al sector, aún no llega a la parte que tiene que ver con las necesidades de los artesanos hidalguenses, sobre todo con aquella de la prontitud con que requieren hacerse de recursos para no descapitalizarse o incluso tener que cerrar sus negocios.

Sólo un porcentaje de artesanos hidalguenses posee, en el mejor de los casos, pequeños talleres y apenas, en los últimos años, han podido constituirse como verdaderas empresas; sin embargo, ahí también enfrentan otro freno: los impuestos que demanda la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y que pegan directamente en materia de insumos o de contratación de personal, además de la constante capacitación que resulta indispensable para mejorar calidad y cadenas de venta y, en casos muy contados, de exportación de productos hidalguenses a otras regiones del mundo, con las consabidas exigencias que ello implica.

Un caso muy sonado fue el de las artesanas dedicadas al bordado de tenangos, cuyos modelos fueron incluso usurpados por una alta costurera europea que, lamentablemente, elevó insospechadamente el valor de algunas prendas que aún hoy en la entidad no son bien remuneradas.

La famosa reingeniería que pretende instaurar el gobierno estatal tiene ante sí otra álgida ocupación que reclama presteza y es, sin lugar a dudas, un buen momento no sólo para que también desde la Sedeco se integre a dicho sector en políticas públicas bien pensadas y que lleguen a quienes en realidad las necesitan, sino además para cambiar la idiosincrasia burocrática y dar cuenta de precios más justos para quienes “se rompen el alma” día tras día.

 

     Twitter: @juanjo_herrerap