Sí, hubo cambio de rector, ¿y?

Carlos Camacho

Carlos Camacho El lunes pasado se dio el anuncio: Humberto Veras Godoy dejó el cargo de rector de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), para ir a coordinar a los asesores de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), en su lugar fue nombrado de manera interina el secretario general, Adolfo Pontigo Loyola.

A simple vista podría considerarse este movimiento como un acto de reconocimiento al trabajo de Veras Godoy que “sube” a coordinador de asesores de la ANUIES, la organización que agrupa a las universidades públicas del país e instituciones de Educación Superior.

También se diría que hay un tácito reconocimiento a la labor que desde joven ha desempeñado en favor de la UAEH el ahora rector interino, Pontigo Loyola.

Pero la historia nos dice que esas decisiones no pasan por el tamiz de la evaluación académico-administrativa, sino por el escritorio de quien desde hace más de cuatro décadas mantiene un férreo control de la máxima casa de estudios en Hidalgo, Gerardo Sosa Castelán, quien desde sus épocas de estudiante controló a la universidad desde su posición como presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios de Hidalgo (FEUH), de muy tristes recuerdos para los pachuqueños, especialmente para los comerciantes establecidos que un día sufrían saqueos en sus establecimientos y otro también, en la década de los 80.

Por eso cuando se conocen este tipo de anuncios, la mirada vuelve hacia el edifico que alberga al Patronato Universitario, una figura creada ex profeso para que Sosa Castelán siga teniendo preponderancia y jerarquía en la comunidad universitaria.

Sosa Castelán ha convertido a la UAEH en su coto de poder político y económico y lo que realmente lo mantiene en esa posición es su actitud siempre amenazante contra quien disienta de su modo de ver la vida y a la universidad.

Casos hay muchos de personas que por disentir del pensamiento de Sosa Castelán sufren las consecuencias, como por ejemplo ser cambiados de sede laboral y enviados de Pachuca a Zimapán, con lo que todo ello conlleva.

Por eso no tiene nada de extraordinario este movimiento, salvo para las pretensiones políticas de Sosa Castelán.

 

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