Washington y Franklin, en el olvido

Gabriel Pérez

Gabriel PerezNovena sección, numeral 8 de la Constitución de los Estados Unidos de América: “Los Estados Unidos no concederán ningún título de nobleza y ninguna persona que ocupe un empleo remunerado u honorífico que dependa de ellos aceptará ningún regalo, emolumento, empleo o título, sea de la clase que fuere, de cualquier monarca, príncipe o Estado extranjero, sin consentimiento del Congreso”.

En el espíritu del texto, redactado por los padres fundadores de la Unión Americana, se reflejaba el ánimo de la que fue una preguerra mundial para librar a las colonias inglesas en Norteamérica del “yugo” de la corona británica. El párrafo citado prohíbe la nobleza y la injerencia extranjera en asuntos nacionales.

Quien desde el miércoles se convierta en presidente electo de Estados Unidos va a tener serios problemas para cumplir con este emolumento constitucional, como bien lo señala la BBC en un artículo sobre Chelsea Clinton e Ivanka Trump, hijas de los candidatos Hillary y Donald.

Estas dos mujeres tendrán que demostrar que Donald Trump o Hillary Clinton no usan la influencia presidencial para beneficiar los contratos de Trump Co., que alcanza contratos lo mismo en Panamá que en México o las donaciones a la Fundación Clinton, que suele beneficiarse de gobiernos como Arabia o Argelia.

Ahora, curiosamente, Estados Unidos declaró su independencia cuando Jorge III, tercer monarca británico de la casa de Hannover, originaria de Alemania, dinastía que se puede rastrear hasta nuestros días: la hija de Carolina de Mónaco es princesa de Hannover.

Si el martes los estadounidenses eligen a Hillary Clinton, habrán decidido votar por el segundo integrante de esta nueva dinastía política, que se unirá a los Adams del Siglo XIX y los Roosevelt y Kennedy del XX. ¿Qué pensarían George Washington y Benjamin Franklin si vivieran?

 

Twitter: @gaboperez