La libertad del vestir: la lencería

Amira Corrales

Amira CorralesCuántas veces nos han hecho creer que la lencería -llámase sostén y pantaleta, o negligé- en cualquiera de sus presentaciones -encajes, transparencias, holanes, etc.- es necesaria para despertar la pasión de nuestra pareja sexual. En el mundo de la sexualidad, en lo que se refiere a sus expresiones, el uso de lencería para causar o tener excitación se denomina fetichismo. Es muy simple, se utiliza una prenda -objeto, fetiche- para generar deseo y excitación sexual. Y a la persona que se siente así, se le denomina fetichista. Es necesario aclarar que el fetichismo no sólo se refiere a la estimulación que genera la lencería, sino a cualquier objeto que se use para generar excitación sexual: pueden ser collares, botas, zapatos de tacón, repito, cualquier cosa. Sin embargo la más común –quizá debido a su indiscriminada difusión a través de películas y fotografías de corte pornográfico- es la lencería. De hecho si lo analizamos mejor, dése cuenta como muchos de los fetiches son objetos femeninos para consumo masculino. Dicho de otra manera: la lencería, así como muchos objetos usados para las relaciones sexuales, son mercancías diseñadas para complacer a un público varonil, bajo la buena mercadotecnia de que los hombres se excitan visualmente. Por lo tanto, los brassieres, las tangas o pantaletas, los negligés, los disfraces de enfermera, maestra, camarera sexy, son prendas diseñadas para ellos, aunque las usemos nosotras. De hecho hemos caído en la tentación de creer que por vestirlas debajo de la ropa, nos sentimos sexys aunque nadie vea dichas prendas. Y creo que por ahí va el asunto: no se considera, en lo absoluto, incorrecto sentirse sexy –mujeres y hombres- de hecho es una práctica que nos da seguridad y alta autoestima, lo crítico de esto es creer que esa sensualidad la logramos a través de la lencería o de los objetos. Veásmoslo al revés: que los varones para sentirse sexys requieran usar debajo del pantalón tangas de hilo dental aunque nadie los mire. Analicemos cómo es que los hombres se sienten atractivos sin el uso de éstas prendas y además no las necesitan para excitarnos.