Reactivados

Juan José Herrera

Juan José HerreraDesde temprana hora del pasado domingo, según relatan varios testimonios al respecto, la presencia de operadores políticos en Omitlán de Juárez fue más que evidente.

El signo que marcó a los priistas del estado con respecto a las elecciones del 5 de junio, donde se renovaron la gubernatura, las 84 alcaldías y las diputaciones locales, fue sin duda de desencanto y segregación.

No obstante, el proceso extraordinario, ganado a pulso primeramente ante tribunales para repetirse y posteriormente en las urnas con una inmejorable participación ciudadana, representó la primera contienda electoral exitosa para el gobernador Omar Fayad y, como resultado, un voto inexpugnable de confianza hacia su administración, o al menos ese ha sido el argumento de representantes “tricolores” desde que conocieron los primeros resultados de la contienda, donde arrebataron el triunfo al aspirante del PVEM, el cual se dice era “gallo” de David Penchyna.

Aún con todo y esa victoria, que ahora se antoja forzada, prevalece el silencio al interior del cubil de Colosio, donde los priistas parecen confinados a la inminente llegada de una nueva dirigencia con un plan verdaderamente estructurado para el corto, mediano y largo plazo.

Dicho nombramiento tendría que ser en este caso resultado sí del consenso pero además con el consentimiento del primer priista de Hidalgo, en los albores de todo lo que representa el 2018, pues los rumores sobre los perfiles que pueden obtener este encargo comienzan a multiplicarse con guiños muy particulares hacia las delegaciones federales de la entidad.

Ahí, por cierto, en esas áreas encabezadas por políticos de altura que en otros tiempos formaran parte crucial de la estructura gubernamental hidalguense, también apuestan por conservar la calma y hacer mutis, a la espera de instrucciones provenientes del Palacio de Cobián, aunque lo cierto es que el trabajo en ese sentido empezó desde hace buen rato.

Otros puntos que influyen en el rumbo, de manera reciente por mencionar alguno, son por ejemplo el nombramiento de Ramón Ramírez en la Unidad de Política Migratoria de la Segob, luego de permanecer por mucho tiempo “en la banca” tras su gris desempeño al frente del Congreso local, amén de recordar su tragedia de no alcanzar la nominación a la gubernatura contra Francisco Olvera.

Para algunos la reactivación de Ramírez Valtierra tiene tintes de perdón y olvido, para otros de lejanía y entretenimiento, mientras “los grandes” cumplen funciones específicas de peso e inaplazables.

En el PRI hay fechas y como dice el adagio: “no hay plazo que no llegue… ni deuda que no se pague”.

 

      Twitter: @juanjo_herrerap