Aclaraciones

Juan José Herrera

Juan José HerreraPara nadie es secreto que el éxito del cual goza hoy el denominado Grupo Pachuca nació a partir de aquel 1993 en que el entonces gobernador de Hidalgo, Jesús Murillo, ofreció de manera más que polémica a Jesús Martínez el mediocre equipo que no pasaba de segunda división llamado Tuzos.

Hoy los tentáculos del empresario, cuya visión para el negocio y la obtención de canonjías debe reconocerse, alcanzan latitudes dentro y fuera de México, con el respaldo de otro genio de las transacciones: Carlos Slim y su Grupo Carso.

Como dueño e inversionista, Martínez Patiño fincó un imperio sin precedentes en la historia estatal que durante muchos años ha desatendido cuestiones tan simples como el pago de impuestos, cosa que ningún otro mortal podría evadir sin recibir la consabida sanción de ley, merced a convenios risibles donde retribuyó a diversas autoridades, sobre todo de la capital hidalguense aunque también en los niveles más altos, con balones, palcos y boletos para los magníficos e indispensables para la vida humana partidos de futbol celebrados en el Estadio Hidalgo, al que por cierto también intentó cambiarle el nombre sintiéndose propietario absoluto.

Entre otras tantas anomalías ligadas a dicho órgano empresarial nadie sabe; por citar ejemplos, por qué determinados fines de semana una secta religiosa, a la que seguramente pertenece don Chucho, hace uso de instalaciones que se suponen patrimonio del gobierno para oficiar ceremonias.

O dónde están los resultados de las supuestas investigaciones realizadas ante denuncias públicas por presuntos abusos sexuales por parte del personal que contrató para su famosa Universidad del Futbol y Ciencias del Deporte, con la cual también cabe decirlo el lucro ha incrementado de manera exorbitante y con miembros tan distinguidos como uno de los hijos del expresidente Calderón.

La realidad del monstruo que es hoy el Grupo Pachuca registra incidencias tan indecentes como quitarle espacio a un museo de arte para convertirlo en Salón de la Fama, donde veneramos a los milagrosos santos del balompié.

Habría que preguntar, ya de paso, por qué es casi nula la transparencia en la denominada Fundación Pachuca, responsable de la labor “social” del reinado; quién, cómo, cuándo, dónde, por qué… entonces las donaciones y hacia dónde van en realidad.

Lo anterior viene a colación en el marco del acuerdo que pretende ahora firmar la alcaldesa (¿priista, panista?), Yoli Tellería, con los susodichos responsables de la Promotora del Club Pachuca para que dejen de hacerse “ojo de hormiga” y le entren al tema de los gravámenes derivados, entre otras cosas del boletaje y venta de bebidas alcohólicas.

La realidad está por verse y conocerse para establecer si este consorcio oportunista de tan grandes dimensiones entra al redil o todo queda, otra vez, en el mero discurso, más cuando se habla desde el gobierno estatal de no tolerarle ya a nadie más prebendas. El escenario actual, con su conocida desazón social que impera hoy en materia económica, resultaría ideal para aclarar las cosas.

 

      Twitter: @juanjo_herrerap