¡Agua va!

Andrés Torres Aguirre

Andres Torres AguirreDespués de la operación electoral que resultó con el triunfo del priismo en el proceso  extraordinario municipal de Omitlán de Juárez, por cierto, la primera elección en el periodo de gobierno de Omar Fayad, quedó claro que para el mandatario estatal el desarrollo del instituto político en el que ha militado siempre y que lo postuló al cargo que hoy ostenta es de sumo interés.

Los operadores políticos que participaron en la elección extraordinaria coinciden en que había una sola instrucción muy clara: “ganar a toda costa”.

Y es que desde la elección original el enfrentamiento entre corrientes internas priistas, además de las verdecologistas, fue manifiesto. Es más, en mucho se atribuye a la simulación y traición que hicieron actores principalísimos del priismo hidalguense y de ahí la peor derrota en elecciones municipales de la cual existe registro.

A nivel del comité estatal hace meses que los ordenamientos electorales así como los estatutos internos marcan la renovación de dirigencias municipales y estatales, pero con artificios discursivos, más que con argumentos verdaderos, los priistas sobrellevan el paso de los meses.

Casi desde el día en que rindió protesta como gobernador, el primer priista hidalguense operó para controlar la vida interna del Comité Directivo Estatal “tricolor”. Nombró nuevo administrador y con ello “cerró la llave”, dejando a Alberto Meléndez como encargado del changarro pero sin mayor responsabilidad.

Durante meses los medios especulamos sobre los nombres de aquellos priistas que podrían ser llamados para ocupar la presidencia estatal de su partido, pero el tiempo pasó y nada sucedió; aburridos, los reporteros de la fuente voltean para otros escenarios ante la inactividad o la intrascendencia de sus eventos.

De esta manera todos dentro del cubo del bulevar Colosio ignoran cuál será su destino y el del propio partido, no pasa lo mismo en la oficina del gobernador, allá en Plaza Juárez.

Claro está que el espíritu renovador que caracteriza la actual administración se expandirá al PRI y con ello habrá una nueva administración de la cual se estructure diferente, difícil saber cómo, pero lo que sí es claro es que será mucho más dinámico el trabajo partidista.

Hay que recordar que la vieja guardia “tricolor” se respaldó siempre en su base partidista, en “sus méritos de campaña” para obtener cargos y beneficios provenientes del erario público. Hoy esa nomenclatura ya no tiene acopio de votantes, por tanto no tendrá más prebendas.

Exhibiciones como las que han protagonizado algunos priistas ya no serán toleradas. La imagen del PRI, es obvio, debe cambiar desde sus más hondas raíces y Omar Fayad tiene en sus manos los argumentos ideales para implementar esta renovación que no por necesaria dejará de ser dolorosa.

 

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