SNTE

Andrés Torres Aguirre

Andres Torres AguirreEn las próximas horas conoceremos el desenlace del conflicto en el que se convirtió el congreso estatal de la Sección XV del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).

Seguramente, sin las simpatías de los maestros pero con el respaldo de los estatutos, será presentada la nueva dirigencia sindical en Hidalgo. Quedará de manifiesto que, una vez más, los derechos laborales y las intenciones de coadyuvar en la mejora del sistema educativo no son la prioridad de los grupos magisteriales.

Sinuhé Ramírez concluye su gestión como dirigente sindical sin lograr el respaldo de los maestros hidalguenses que lo ven como un instrumento del gobierno para terminar con el cacicazgo que habían impuesto Moisés Jiménez, Alejandro Soto y Mirna García.

Cierto es que Ramírez no dispuso del tiempo ni los recursos que en su momento tuvieron sus antecesores para que desde la Secretaría General de la Sección XV “ganara las voluntades de los maestros”.

Desafortunadamente para el líder saliente no pudo cumplir con su única misión, que era mantener en calma los ánimos en el gremio y sobrellevar al magisterio para seguir siendo una útil herramienta electoral.

Al final el congreso, que ya se había pospuesto, es ante la opinión pública y el magisterio hidalguense una mascarada que se montó para darle continuidad al estatus quo.

Faltó operación política, fue evidente. Se esperaría que por el perfil profesional de Sinuhé Ramírez, desde lo más alto de la oficialidad viniera el apoyo pero si lo hubo no fue eficaz.

Ahora, sea cual sea el resultado del congreso estatal extraordinario, la nueva dirigencia nacerá marcada por sus propios compañeros como espuria y totalmente falta de representatividad; y no porque exista añoranza de viejas épocas del sindicalismo, simplemente porque los maestros hidalguenses conocen perfectamente cuáles son los códigos y valores que se manejan en ese mundo que llaman magisterio.

 

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