¿Qué falta?

Andrés Torres Aguirre

Andres Torres Aguirre A principios del año pasado el alza de los combustibles fue el motivo de un levantamiento social en Ixmiquilpan, perfectamente aprovechado por grupos políticos locales para hacer presencia y exigir beneficios al gobierno local que apenas cumplía pocas semanas.

La existencia de agrupaciones político-sociales en la zona del Mezquital es añeja y aunque muchas de ellas surgieron bajo un legítimo reclamo de justicia, con el paso del tiempo y de los líderes, la mayoría desvirtuaron su propósito original, se incorporaron a partidos políticos o se disolvieron al paso de los años.

En la actual condición de la región es evidente que las autoridades locales y estatales no encuentran la ecuación que resuelva el problema para sumar en la ruta del trabajo a todos estos grupos sociales.

El gran riesgo es que ante una negativa permanente al diálogo y la concertación se pierden oportunidades para el desarrollo, además de un creciente clima de inseguridad.

El gobierno tiene la culpa, es el gran clamor en Ixmiquilpan; en buena medida sí porque durante muchos años el servicio público en esa región estuvo supeditado al reparto entre las corrientes priistas locales que hicieron del servicio público, por elección o designación, un tema de herencias y no de méritos.

Durante décadas los líderes del Mezquital cobraron, ellos y sus familias, en nóminas públicas, además de recibir la mejor atención por lo que fortalecieron sus complicidades encerrándose en núcleos muy pequeños que hoy ya no tienen representación.

Con la intención de transparentar el servicio público, las actuales autoridades dieron un golpe de timón y cerraron los flujos de recursos, así como los beneficios a estos líderes y grupos pero también desaparecieron instancias de operación política como las coordinaciones regionales, que si bien habían pervertido su labor, eran el primer filtro para la resolución de conflictos.

Una de las grandes carencias que hay en Ixmiquilpan en estos momentos es la falta de interlocutores con credibilidad para la población. Voluntarios sobran para esa tarea, pero es evidente que los mueve un interés económico.

La renovación es un proceso natural que lleva su tiempo, cortar de tajo los puentes con los líderes locales (legítimos o no) hoy es más un obstáculo que un avance en el tema de la renovación en el ejercicio del servicio público.

 

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