Des-encuentro

Juan José Herrera

Juan José Herrera Contrario a lo que muchos anticipaban, el gobernador Omar Fayad volvió a dar muestra de civilidad política al inicio de esta semana, con su presencia en un acto que, hasta hace muy poco, representaba poderíos de grupos específicos en Ixmiquilpan.

Con un discurso bien elaborado, el mandatario estatal confirmó por qué no pueden adelantarse victorias ni derrotas cuando de política se trata, pues al recordar el viejo adagio de que “no hay que dar pescado sino enseñar a pescar” marcó una vez más el derrotero de su administración: la gestión de programas, acciones y estrategias para mejorar las condiciones económicas del pueblo hidalguense.

Si bien el denominado Encuentro Hñahñu sirvió en otros tiempos para enfatizar liderazgos charros cuyos únicos propósitos radicaban en la obtención perenne de prebendas y puestos, hoy la realidad modifica metas y se asume desde la actual tutela estatal en beneficio de los pueblos indígenas del Valle del Mezquital.

Así pues el llamado a no caer en trampas discursivas ni dar cabida a aquellos líderes cuya moneda de cambio es y ha sido la violencia, generó el aplauso de la concurrencia, donde la diplomacia fue más que obvia pero donde también la oratoria dejó claro que el tiempo de los beneficios para unos cuantos terminó, al menos por lo que reste del presente sexenio.

Si algunos voraces cabecillas pretenden “revivir” o ver en este solo hecho una nueva oportunidad para seguir sangrando al erario, deberían pensarlo dos veces antes de estirar, nuevamente, la mano sin tomar en cuenta que parte de los rezagos de la región se deben precisamente a este tipo de actitudes insaciables.

No faltaron incluso quienes manifestaron su descontento ante las notables inasistencias; por ejemplo, la del dirigente estatal del PRI, Alberto Meléndez, y de aquellos políticos que otrora acudían sin pensarlo siquiera a dicho guateque, donde por cierto corrían las bebidas espirituosas y la comilona cobraba aires de simulada grandeza, será que al final sí hubo quien comprendió que el simple hecho de personarse podía ser leído como un mensaje que, en este momento, puede no convenir o dejar mal parado.

Las voces cambian, al igual que las circunstancias, hoy el principal exhorto contempla saber explotar todas las bondades de una región maniatada por sus propias “autoridades” y “liderazgos morales” que, mejor dicho, no conocen la moral y mucho menos la virtud para contribuir al progreso colectivo.

 

      Twitter: @juanjo_herrerap