Ventajas de ser mujer

Amira Corrales Peón

Amira CorralesRecientemente hablábamos de las ventajas de ser mujer. Debo reconocer que me costó trabajo hacer una lista. Claro, estaba el siempre famoso rubro de “ser mamá”, pero profundizando sólo me quedé con el embarazo y la lactancia, ya que el resto de la maternidad puede ser realizado por un varón; es decir, que la capacidad de crianza y dar amor también puede ser suya. Creo también que ni el embarazo ni la lactancia pueden ser reconocidas como ventajas para algunas mujeres. Entonces, ¿cuáles podrían ser?

Y vino a mi mente que cuando yo era una pequeña niña en busca de identidad me di cuenta -como quizá algunas de nosotras- que era mejor ser hombre, ya que por motivos que yo desconocía eran ellos quienes gozaban de la vida con algarabía y casi sin restricciones.

Conforme fui creciendo, también descubrí que ellos llevaban las ventajas en las relaciones de pareja, ya que por lo que veía a mi alrededor, no existían esposos fieles o comprometidos, sólo las mujeres no debían “poner los cuernos” ni abandonar a sus hijos, y las que lo hacían eran tratadas como Satanás. No así los hombres. Yo continuaba sin entender qué ventajas podríamos tener, ya que no veía ninguna en el rol femenino tradicional de sumisa-dependiente-sin cerebro-muñeca sexual-sirvienta-pero esposa. Creía que en el matrimonio no podía existir una relación simétrica, donde ambos se acompañaran y apoyaran en este camino llamado vida… y comprendí una palabra que me hizo temblar: machismo.

Eso no lo puedo cambiar yo sola. Era peor, ya que no podía descubrir lo bueno de ser mujer en un sistema hecho y dominado por hombres, donde sólo andamos de complemento, donde mi libertad estaba restringida por atavismos culturales y clasificaciones sociales, donde valías por la intensidad de tu belleza y te volvías competidora de tus propias hermanas si deseabas llevarte el trofeo: un hombre.

Por lo que había que aplastarnos y descalificarnos, todo para terminar nuestros días sirviendo en una casa sin salario y peor, hacer que lo anheláramos. Entonces, lo conocí a él, el único que me brindó esperanzas… el feminismo.

Continuará…