El pudor femenino en las aulas

Amira Corrales

Amira Corrales Resulta interesante observar, durante el proceso de enseñanza-aprendizaje, cómo muchas jovencitas de secundaria no gustan de participar, hablar o mostrar señales de contenidos relacionados con la sexualidad. Los varones hablan y muestran mayor dominio de conocimiento sobre su cuerpo e, increíble, sobre el cuerpo femenino, mismo que no manejan las niñas. No me deja de sorprender que aun y cuando se tocan elementos básicos las niñas no saben o no quieren que se note que saben. En educación sexual básica trata de orientar a las y los jóvenes a una comprensión natural con elementos esenciales para su plan de vida, que en países con alto nivel educativo sus estudiantes manejan desde el preescolar, como por ejemplo nombrar correctamente conceptos sexuales: órganos genitales: vulva, pene, escroto, clítoris, meato urinario, orificio vaginal, glande, prepucio, labios mayores y menores o externos e internos, útero, ovarios, próstata, vesículas seminales, ano; actos o acciones sexuales: erotismo, coito, masturbación; fisiología: menstruación, ovulación, eyaculación. ¿Qué son estos términos?, ¿en qué consisten?, ¿por qué la gente le pone otros nombres?, ¿por qué es importante conocerlos? La escasa y falsa educación que tenemos las y los mexicanos sobre nuestra propia sexualidad se debe principalmente a que la religión ha impuesto a nuestro cuerpo su funcionamiento sexual y nuestros deseos eróticos como temas tabú, con relación al pecado y perversos. Pero la ciencia y la ley dicen otra cosa. La ciencia sexual -tan poco estudiada en nuestro país hasta la creación del Instituto Mexicano de la Sexualidad (Imesex), que le debemos a Juan Luis Álvarez Gayou (en paz descanse), entre otros-, nos dice que la sexualidad ejercida con responsabilidad nos otorga mayor bienestar a nivel físico, psicológico y emocional.

Mientras que la ley consiente los actos sexuales de las persona siempre y cuando tengan tres requisitos: mayoría de edad (18 años), recíproco consentimiento y en privado. Por tanto, el pudor que las niñas presentan en pláticas de sexualidad tiene mucho que ver con la escasa, nula o quizá prohibida educación sexual que reciben en casa y que la sociedad les obliga a callar y comportar, no así a los niños.