Multifactorial incremento de criminalidad, pretexta mando

-Aseveró Fermín Hernández que son diversas las causas por las que no logran bajar hasta ahora los hechos delictivos en el municipio de Tula de Allende

CIUDAD SEGURA

 

Ángel Hernández

p21-INSEGURIDAD (1)Durante los últimos meses, en el imaginario colectivo de la ciudadanía de Tula, repuntó a niveles nunca recordados a consecuencia de la seguidilla de homicidios por robo y ajuste de cuentas del crimen organizado, suscitados en esta demarcación.

Entre abril y mayo, pero en un periodo menor a un mes, sumaron cinco asesinatos con violencia perpetrados en la cabecera y uno más en los límites del municipio con Tlaxcoapan, además de los ya habituales robos patrimoniales (autos, casa habitación y asaltos a mano armada aún en pleno centro de la ciudad).

Con tales indicadores y la constante preocupación de la población civil por ser víctima del hampa, el responsable de la Seguridad Pública en el municipio, Fermín Hernández Martínez, fue consultado para que explicase el motivo por el que los niveles de inseguridad en la antigua capital tolteca no decrecen.

Por principio de cuentas, el jefe policial pidió no ver a la inseguridad como fenómeno particular de la denominada “Ciudad Segura”, sino como una problemática multifactorial que rebasa cualquier frontera a escala estatal y que abarca toda la República Mexicana.

Mencionó que la problemática va en aumento por diferentes factores como: la descomposición del tejido social, pérdida de cultura cívica y de la legalidad, además de que tal vez no se encuentra el rumbo para detener dicha incidencia.

Fue autocrítico y sugirió que quizá la estrategia se tiene que replantear y dar más peso a la prevención, dado que por ahora los modelos de seguridad se centran en combatir consecuencias y reaccionar ante delitos y no tanto en la creación de políticas públicas que ayuden a combatir al crimen desde sus raíces.

Para ejemplificar, aceptó que si ahora tuviera completa la plantilla de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), seguramente la mayor parte de oficiales se dedicaría a reaccionar a lo que hace la delincuencia y no a prevenirla.

En este contexto urgió a destinar mayores recursos a la prevención del delito, aunque señaló que con ello vendría la cuestión de que los fondos que pudieran aplicar las autoridades no fueran comparables a los invertidos por particulares para incitar vicios y drogas “permitidas”.

Sobre la ingesta de sustancias consideró que ahí se da uno de los posibles orígenes de la delincuencia, porque quien consume psicotrópicos, sean permitidos o no, para mantenerse bajo los influjos de narcóticos puede llegar a robar y después a otros crímenes.

Refirió que la cuestión de inseguridad es un tema un tanto cultural, dado que se han normalizado los delitos y criticó: “lo que pasa es que como sociedad tenemos una doble moral, cuando somos infractores queremos una policía que sea blandita pero cuando somos afectados pedimos la aplicación de la ley con todo su rigor”.

Mencionó que muchos de estos casos ahora se difunden de manera errónea o tendenciosa a través de redes sociales, sin poner todo el contexto que desencadenó en los sucesos, “esto hace que la gente pierda la confianza y eso nos debilita como secretaría”.

Agregó que sin querer excusarse, Tula actualmente tiene cerca de 120 mil habitantes, más la población flotante que transita a diario por el municipio y que tan sólo cuentan con unas 35 patrullas y un máximo de 180 elementos de seguridad para cubrir a 110 colonias distribuidas en 54 comunidades.

“Entonces no podemos competir con recursos tan desiguales, hacemos nuestro trabajo, pero el servicio que prestamos puede no ser el más óptimo”.

Indicó que en Tula la incidencia de criminalidad ha ido en aumento no sólo desde este periodo gubernamental sino desde hace seis años atrás, cuando tuvo la oportunidad como director de Seguridad Pública, durante la gestión de Rodolfo Paredes Carbajal.

Aseveró también que esto se debe a otros factores como el robo de combustible “que está en boga”, la falta de empleo, la población flotante y variaciones en la convivencia social; por ejemplo, la refinería ya no está produciendo ni contratando como antes.

Reflexionó que hasta ahora ha sido complicado encontrar el modelo a seguir en cuanto al combate a la delincuencia en el municipio y que hasta ahora lo más viable es sumar los ojos de la ciudadanía, más manos, más vigilantes, y sobre todo sumar a la cultura de la prevención y legalidad.

Tula de Allende se ha mantenido históricamente en el top cinco de ciudades hidalguenses con mayor número de delitos, solamente rebasada por Pachuca, Tulancingo e intercalando posiciones con Mineral de la Reforma y Tizayuca, que son más grandes en núcleos poblacionales.