Para combatir la impunidad

David Colmenares

David ColmenaresSon múltiples las caras de la corrupción, tanto en empresas como en gobiernos, en países federales en los tres órdenes de gobierno, no sólo en México, ahí está España con relación al financiamiento a principales partidos como el Popular con el llamado caso Guertel, el rescate de Bankia y otras instituciones financieras, en el contexto de la crisis fiscal que derivó en severas políticas de ajuste con alto costo social.

No digamos en nuestro continente, particularmente grave en niveles de procuración de justicia y en policías, por citar algo.

La corrupción es como una lepra que nos va envolviendo, su motor es el acceso a dinero fácil o a privilegios injustificados, como el caso de los “aviadores” y comisiones para vender o construir obra pública.

No hay día que no aparezca en medios algún caso de corrupción, se multiplican en los estados, pero también están los municipios y por supuesto en el nivel federal. Claro conforme subes de orden de gobierno los fraudes pueden ser mayores y difíciles de castigar. Su costo social y económico es mayor.

La corrupción no es un fenómeno nuevo, la vox populi destaca siempre el enriquecimiento de exgobernantes, pero cuando están en el poder parecen traen una aureola, de forma tal que aunque se les cuestiona en la calle, ante ellos hay admiración. Antes escribían sus memorias, como las de Gastón N. Santos y de tantos exgobernadores que dejan calles con sus nombres.

Ahí está el caso del alcalde que admitía “haber robado poquito”, hubo un caso de un presidente municipal chiapaneco que admitía que utilizó indebidamente recursos del FISM, pero que lo hizo porque el pueblo lo puso y el pueblo manda, y si sólo estaban esos recursos pues ni modo, o el de algunos ediles oaxaqueños que cuando recibían cemento derivado de recursos de construcción lo escondían y después lo revendían, etcétera, etcétera. En algunos estados se dice aun que “ese gobernador robó, pero dejó”. Porque los cambios de gobiernos eran pactados, esto es se daba vuelta a la página. El gran problema ha sido la impunidad, aunque hoy hay signos de que es posible combatirla, como el caso de gobernadores de los estados señalados recientemente, siendo el de los Duarte el más comentado.

También hay corrupción política, como cuando se obligó a gobernadores en mayo de 1992 a reconocer privilegios logrados por secciones sindicales, cuando se hizo la desconcentración de la Educación Básica. Así como la práctica de pagar con recursos públicos a comisionados sindicales en prácticamente todos los estados. Bueno esto está en vías de extinción definitiva con la centralización de nóminas en SEP y la eliminación de quienes no trabajan, con el castigo correspondiente. En suma, no significa que antes no se diera, simplemente los avances en materia de transparencia, armonización contable, ley de disciplina financiera y Sistema Nacional Anticorrupción, hoy nos enteramos.

En muchos casos los responsables siguen siempre los subalternos, aquellos que firman por instrucciones. Recordemos al exsecretario de Finanzas de Nuevo León, que guardó mucho dinero en cuenta a nombre de su sirvienta y su secretaria firmaba recibos. Está comprobado que no son las auditorías, sino las denuncias ciudadanas el “mejor método” para detectar la corrupción, así como el cambio en la forma de vida de funcionarios, con signos son evidentes para la gente, aunque no para ellos. Hay cientos de ejemplos, que particularmente son fáciles de ubicar en las entidades federativas.

No hay más que para prevenir alentar estos dos mecanismos, esto es facilitar las denuncias ciudadanas anónimas y dar seguimiento al enriquecimiento inexplicable, aparentemente.

 

 Twitter: @davidcparamo