El cáncer del huachicoleo, ¿cómo es visto por dentro?

 

-Narra en exclusiva un ladrón de hidrocarburos los procesos para la extracción

-Involucrados policías estatales, municipales y personal de la propia paraestatal

MUERTE DE PEMEX

Jocelyn Andrade

p9-huachicolerosAutoridades estatales, municipales y personal de Petróleos Mexicanos (Pemex) estarían involucrados en el robo de hidrocarburos, mediante tomas clandestinas, en ductos de la paraestatal, confirmó en exclusiva para La Crónica de Hoy en Hidalgo un huachicolero, al detallar el proceso para la extracción ilegal de combustibles en la entidad.

En lo que va de la actual administración estatal fueron asegurados más de 850 mil litros de combustibles, como parte de las labores de la Secretaría de Seguridad Pública de Hidalgo (SSPH).

De septiembre a julio fueron detectadas 118 tomas clandestinas, detenidas 53 personas y asegurados 474 vehículos cargados con hidrocarburo, la mayoría con reporte de robo.

Con base en el informe de la SSPH, los municipios donde se concentra la mayor extracción de combustible de manera ilícita son: Tula, Cuautepec y San Agustín Tlaxiaca.

Hacia 2016 se localizaron 187 tomas clandestinas en 20 municipios hidalguenses por donde cruza la red de ductos Pemex, según informe de la empresa productiva del Estado.

En ese año Tlanalapa registró el mayor número de incidencias, con 47 casos, seguido por Cuautepec de Hinojosa, con 25; Tepeapulco, con 20; Tula de Allende, con 19, y Tepetitlán, con 14.

La veintena la completan Huichapan, Atotonilco de Tula, Epazoyucan, Singuilucan, Tlaxcoapan, Tezontepec de Aldama, Tetepango, San Agustín Tlaxiaca, Nopala de Villagrán, Tlahuelilpan, Mineral de la Reforma, Tepeji, así como Pachuca, Atitalaquia y Ajacuba.

Este 2017, tan sólo en sus primeros meses, la paraestatal detectó 130 tomas clandestinas, a la fecha la cifra ya superó el reporte de 2016.

 

PÉRDIDAS. Según cifras de Pemex, las pérdidas por robo de combustibles en 2016 ascendieron a 908 millones 731 mil 526 pesos e Hidalgo fue la entidad con mayor impacto al erario público, con 532 millones 138 mil 56 pesos.

La Auditoría Superior de la Federación (ASF) detectó que durante el periodo comprendido entre 2008 y 2014, el número de tomas clandestinas identificadas registró un incremento significativo de mil 049.3 por ciento, al pasar de 367 a 4 mil 218.

De acuerdo con la fiscalización del organismo para el Programa Anual de Auditorías para la Fiscalización Superior de la Cuenta Pública 2014, detectó que los costos de reparación de ductos en los años de referencia incrementaron en 815.6 por ciento, lo que se traduce en un costo acumulado por más de mil 439 millones de pesos, que implicó una afectación a las finanzas del organismo.

A través del Informe Anual 2016, Pemex reconoció que este fenómeno “afecta de forma sensible los ingresos e incrementa costos de operación asociados a la migración de daños colaterales en la distracción de combustibles”.

Asimismo reportó que para combatir esta situación, la empresa se coordina con distintas autoridades civiles y militares que coadyuvan en la salvaguarda del patrimonio.

 

EL NEGOCIO. En entrevista para La Crónica de Hoy en Hidalgo un huachicolero narró cómo es el negocio que tantas pérdidas genera a Pemex y tantas ganancias deja, no sólo a quienes extraen el combustible, sino a todo el personal que participa en el robo.

Los primeros involucrados, de acuerdo con la versión de “Pepe”, nombre que utiliza por seguridad, son los trabajadores de la propia paraestatal.

Personal de Seguridad Física de Pemex es responsable de informar en dónde es pertinente perforar ductos, además indica cuáles son los que llevan gasolina Premium y cuáles Magna, así como diesel.

Policías estatales y municipales son los segundos involucrados en la cadena, cuando no hay personal de Pemex involucrado, estos se encargan de proteger el área donde se encuentra el ducto y de sólo permitir la extracción de personas “autorizadas”.

Este trabajo no es gratuito, tanto trabajadores de la paraestatal, como autoridades, reciben una “mochada” de tres pesos por litro extraído de los ductos clandestinamente.

“Cuando se les paga a los policías o a trabajadores son tres pesos por litro, puede ser a estatales o a municipales, ellos se encargan de proteger el área del ducto y que en el tramo que les corresponde vigilar la carga vaya segura”.

Aclaró que no puede haber personal y policías involucrados con la misma toma, pues si fuera así tendrían que pagar seis pesos por litro, por ello cuando hay autoridades se encargan de que personal de la petrolera no llegue a revisar y viceversa.

Para extraer el combustible de una toma se requieren de al menos 10 personas, quienes tienen diferentes tareas, la primera ordeñar el ducto, vigilar los alrededores y evitar que sean sorprendidos en flagrancia.

Cada persona que acude al ducto recibe un pago de por lo menos mil pesos por ordeña, de ahí el conductor de unidades en las que trasladan los bidones recibe de 2 mil 500 a 3 mil pesos, sólo por transportar la carga a casas o bodegas en que se resguarda.

Las cargas son mínimo de 4 mil litros por viaje, pues de lo contrario, aseveró, no sería negocio.

Las camionetas en que se transporta todo el hidrocarburo son generalmente robadas, para evitar que mediante el registro sean identificadas.

“Cuando hay peligro lo primero es nuestra integridad, si vemos que hay un retén o que se acercan policías que no son de nuestro bando lo que se debe hacer es darse a la fuga y dejar abandonada la carga, si se puede se lleva, pero si no hay forma es mejor no arriesgarse”.

En cuanto al peligro que trae consigo el abrir una toma comentó que todas las personas que están en el negocio saben a lo que se exponen y sus familias también deben estar conscientes de los riesgos.

“A veces las tomas se quedan sin gasolina y traen puro gas, es cuando explotan y ya varios compañeros han tenido accidentes, sabemos a lo que nos exponemos, pero es un buen negocio, la gente nos busca porque con nosotros tienen la ventaja que sí les damos litros de a litro y a menor precio”.

Al tener segura la carga se envía a diferentes domicilios, para minimizar un poco el riesgo de tenerla almacenada, aunque dijo, “se va rápido, dura a lo mucho dos días, por eso tenemos que cargar al menos cada tercer día, que es cuando están de turno los policías”.

Señaló que hay quienes buscan extraer sin vigilancia, para ahorrase mínimo 12 mil pesos de “mochada” por la carga de 4 mil litros, pero se exponen más a ser detenidos, cuando esto pasa por lo regular se presentan derrames, fugas y explosiones, así como detenciones.

“Cuando detienen a alguien es porque no se mochó con las autoridades, si das tu lana es difícil que te agarren, porque estas pagando protección, pero hay quienes se quieren ahorrar eso y terminan perdiendo más”.

 

DISTRIBUCIÓN. Al tener el combustible en lugares “seguros” comienza la venta del mismo, 10 u 11 pesos por litro a revendedores, sea Premium o Magna, no hay distinción, se vende al mismo precio.

Los revendedores cargan en tambos o garrafas de 20 litros, “ya están marcadas, con eso se aseguran los litros de a litro, contrario a las gasolineras que siempre te roban (risas)”.

Para personas que buscan sólo llenar tanques de sus automóviles se les vende a 13 pesos el litro, también sin importar si es Magna o Premium.

Una carga de 4 mil litros les deja a los “dueños del negocio” una ganancia de 16 mil pesos, si se toma en cuenta el precio de 11 pesos por litro.

Estas ganancias son en tan sólo dos días y descontando los 12 mil pesos de “moche” a trabajadores de Pemex o autoridades, 10 mil pesos a 10 vigilantes y ordeñadores, así como 6 mil pesos a conductores de al menos dos camionetas.

En caso de hacerse la ordeña cada tercer día, las ganancias mensuales ascenderían a 240 mil pesos, sólo para el encargado principal y si únicamente extrajera 4 mil litros por viaje, para empleados de la petrolera o policías la ganancia es de 180 mil pesos mensuales, 15 mil pesos para quienes ordeñan o vigilan y 45 mil pesos por cada chofer.

Cifras todas con las que se entiende mejor la magnitud de un problema que crece igual que un cáncer, del que cada vez más quieren ser partícipes.