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CÁNCER DE MAMA Adriana no se examinaba continuamente, un poco por desidia, un poco por olvidadiza y otro tanto por la idea de que a ella no le sucedería algo malo…

Adalid Vera

p10-ExploraciónExplorar continuamente las mamas es una recomendación que todo médico o instancia de salud recomienda a las mujeres para encontrar o descartar alguna protuberancia anormal. Esto se ha convertido en el primer acercamiento de la mujer con su cuerpo, para examinarlo, conocerlo y reconocer cuando está dentro de los parámetros normales o cuando algo raro sucede.

Adriana no lo examinaba continuamente, un poco por desidia, un poco por olvidadiza y otro tanto por la idea de que a ella no le sucedería algo malo porque en su familia no existen antecedentes de enfermedades crónicas o degenerativas, podría decirse que proviene de una familia sana.

Sin embargo, ésta no es razón suficiente para dejar pasar por alto algo tan recomendado como lo es la autoexploración en ambos senos.

Adriana estaba lista para festejar el 5 de septiembre su cumpleaños número 46 con su familia en casa, había organizado una pequeña reunión con su marido, sus dos hijos y sus cuatro nietos. Por la mañana recibió una llamada, era una enfermera del IMSS Hidalgo que le solicitó que acudiera a recibir información de la mastografía que se aplicó semanas antes.

Pensó que no era normal una llamada de ese tipo, así que se tomó unos minutos para reflexionar y orar antes de vestirse y salir. Durante el trayecto, su mente divagaba no tanto en las noticias que recibiría, sino en lo que ha hecho de su vida, en los errores cometidos, en las disculpas nunca ofrecidas, en los malos pasos dados, en los regaños sin fundamento que les dio a sus hijos, en los rostros de ellos cuando bebés, en los abrazos perdidos y los te amo olvidados.

Llegó a un consultorio vacío que minutos después se llenó con varios médicos, sus nervios le impidieron por lo menos contarlos, dice que eran como cuatro. El primero, cuyo nombre no logra recordar todavía por el nerviosismo que la situación le generó, fue quien le reveló que su mastografía había dado positiva en un posible cáncer y que debía ser intervenida quirúrgicamente a la brevedad.

Regresó a casa devastada, aunque tranquila. No lloró, no gritó, no cuestiono la veracidad de los hechos. Llegó a casa, le contó a su marido, quien desacreditó todo y entró en etapa de negación.

La Adriana que quien esto escribe conoce es risueña, alegre, bromista, pero también explosiva, regañona y de carácter fuerte, el día que me reveló su estado de salud, era otra Adriana; un poco confundida, serena e inexpresiva. No supe si abrazarla, darle ánimos o llorar, pero aunque tenía ganas de todo eso, me reservé porque no quise verme dramática, cuando era evidente que ella no lo hacía. Me confundió su falta de emociones.

Tengo casi 20 años de conocerla, yo era una niña que jugaba con sus hijos, y hoy no es la misma Adriana de entonces. (Primera de dos partes)