De vida y muerte; pasado y presente

-Presenta Coespo datos sobre origen de festividades de temporada, así como aspectos estadísticos sobre condiciones de población  en la entidad

BALANZAS.

Redacción

p22-celebracionDe origen prehispánico, la celebración del Día de Muertos, con la llegada de los españoles a México, se combinó con la celebración católica de Todos los Santos y Fieles Difuntos: el 1 y 2 de noviembre respectivamente.

Actualmente es una de las tradiciones más ricas y con más arraigo en este país, razón por la cual fue proclamada por la Unesco en 2003, como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad.

NOMBRES.  Mijkailjuitl, Xantolo o Fiesta de Muertos es todo un ritual que está íntimamente ligado al final del ciclo agrícola, una fase que es vida de acuerdo con la cosmogonía indígena. El reconocido promotor cultural huasteco, Ildefonso Maya, señala que los pobladores de la Huasteca “en enero limpian los campos para sembrar, una actividad que abarca cinco meses desde la siembra hasta mayo, que se cosecha el maíz, base de la alimentación de las comunidades de la región. Nuevamente en mayo los indígenas limpian los campos y queman los montes para sembrar en junio y cosechar en octubre, lo que da 10 meses, entre los dos ciclos agrícolas antes de Xantolo. Ellos saben que quedan dos meses, uno de reconciliación que es el mes de noviembre al que le sigue diciembre, un mes de origen y descanso de las acciones del año”.

BASES. Ante esta fecha el Consejo Estatal de Población (Coespo) presentó algunos datos relevantes sobre mortalidad. En Hidalgo, según estimaciones del organismo homólogo a escala nacional (Conapo), en 2017 la tasa bruta de mortalidad se estima en seis defunciones por cada mil habitantes, y se prevé que se incrementará hasta llegar a 7 defunciones por cada mil habitantes en 2030 como consecuencia del envejecimiento poblacional en la entidad y en el país.

Por su parte, la esperanza de vida al nacimiento para los hidalguenses según el Conapo se estima para este año, en 74.77 años: para las mujeres en 77.21 años y para los hombres en 72.46. La diferencia de casi cinco años se debe al nivel de exposición al riesgo de fallecer de mujeres y hombres en función de las actividades y los espacios donde se desempeñan unas y otros, así como de los estilos de vida diferenciados.

La mortalidad infantil es otro de los principales indicadores demográficos de mortalidad que reflejan las condiciones de vida y el desarrollo socioeconómico. En Hidalgo, entre 1990 y 2017 este indicador se redujo en 67%, al pasar de 35.9 a 12.27 defunciones por cada mil nacimientos. Por otro lado, la mortalidad materna que representa un problema de salud pública que puede prevenirse y que además refleja desigualdad social, se redujo entre 1990 y 2015 al pasar de 116.7 a 32.3 defunciones maternas por cada 100 mil nacidos vivos.

Para Hidalgo, la estructura de la mortalidad por edad y sexo presenta importantes diferenciales. Según registros de la Secretaría de Salud, de las 14,821 defunciones en 2016, 55.1% correspondieron a hombres y 44.9% a mujeres. Por otro lado, del total de muertes ocurridas, el 60.3% fue en el grupo de población de 65 años y más, 30.6% en adultos de 30 a 64 años; 4.9% en la población infantil de 0 a 14 años y 4.2% en los jóvenes de 15 a 29 años.