Una foto

Juan José Herrera

Juan José HerreraGrotesca la escena, pero por desgracia cada vez más común: el piso ensangrentado, ahí los cuerpos sin vida, algunas huellas notorias sobre el charco rojo, al fondo un equipo de sonido aún encendido aunque seguramente al momento de la fotografía reinaba ya el silencio.

Alguno advirtió los disparos, comunicó de inmediato el hecho; las autoridades llegaron mucho después para el macabro hallazgo.

Los cuatro cadáveres bocabajo en el suelo, el charco de sangre empapando sus vestimentas, uno de ellos (el de playera verde) parece abrazar a otra víctima (¿una mujer?), tal vez como en un último intento de dar calma.

¡Eran delincuentes y no hidalguenses! Operaban en los límites del Estado de México con Hidalgo.

¡Ajuste de cuentas!, la tardía evasiva de nuestras autoridades, tanto de la Secretaría de Gobierno como de la Procuraduría General de Justicia.

Bancos de plástico, una cama sin hacer, impera el desorden, algunos papeles en el piso, junto a lo que parece un par de memorias USB.

Era domingo y las balas cantaron la acostumbrada canción del odio, esa que al final no distingue sexo, religión o preferencias políticas ni gustos musicales.

En gobierno del estado hasta entrada la tarde las reuniones, en las redacciones la espera de información oficial, que no se dio hasta un día después, salvo por quien sí hizo su trabajo en la Secretaría de Seguridad Pública y ofreció una escueta narrativa de los hechos, eso sí, sin comprometer a los jefes con calificativos. Día de asueto.

Dos pequeños muebles de madera, ropa amontonada, algún colguije en una de las paredes de la habitación, ¿un aparato para hacer ejercicio?

Los hechos acontecieron en Tizayuca, zona ya marcada hace algunos meses con un cuadro muy similar, peor aún, en el que 11 personas (también criminales, incluyendo dos menores, según la versión oficial) fueron ejecutadas; días atrás dos líderes locales también ejecutados.

Las investigaciones apuntan hacia el fracaso, no sólo de las autoridades y sus estrategias contra el homicidio y los enormes tentáculos de la delincuencia organizada, sino también de una sociedad ante cuyos ojos la sangre ya no impacta. Una foto que circula en chats privados… para quien la quiera ver.

 

UN DATO. En lo que va de 2017 se cuentan ya más de 13 mil 500 asesinatos del crimen organizado en el país. Hidalgo no escapa, pero aquí son “hechos aislados” y nada más.

 

      Twitter: @juanjo_herrerap