Nos mata lentamente…

-Relatan secuelas de vivir junto a planta de cal

ATOTONILCO

Ángel Hernández

p9-cal (1)“Sabemos que vivir cerca de la planta de Cal Beltrán nos mata lentamente, pero seguimos aquí porque no tenemos a dónde ir, no nos quieren apoyar para reubicarnos”: sostuvieron vecinos de las colonias Bóvedas, Loma Bonita y Centr, en Atotonilco de Tula.

Los lugareños a diario conviven con las emisiones de la empresa, respiran los agentes resultantes de sus procesos, lo que se traducen en diversas enfermedades entre las que se cuentan pulmonares, de la piel, de la vista, gastrointestinales y cáncer, señalan que en el último año han muerto entre 12 y 15 personas.

Dicen que los casos recientes los tienen bien documentados, pero que la lista es interminable y no vienen a la memoria la totalidad de las víctimas.

Hacen un recuento de los decesos y enlistan a Inocencio López “El Grande”, Ignacio Lorenzo, Juan Escamilla, un cuñado de los González… Hilario y Mauricio Velázquez, expresan que estas personas se cuentan entre los fallecidos en los últimos 6 meses.

Sostienen que les entristece, pero les preocupa más que de unos años a la fecha al enterarse de que murió alguien y preguntar las causas, la respuesta no sea otra más que de cáncer.

En recorrido por el polígono de afectación La Crónica de Hoy en Hidalgo tuvo contacto con doña Goya y sus familiares quienes proporcionaron testimonios en los que afirman que la señora (adulta mayor), desde septiembre pasado padece un grave mal en los pulmones, que le impide respirar normalmente y el cual la condenará a usar inhalador para asmáticos por el resto de sus días.

Sin embargo, dicen que el caso de “mamá grande” no es nada comparado con el de su nieta (menor de edad), a quien se identificó por las iniciales C.J.L.; aseveraron que cuentan con expedientes clínicos que muestran que la menor tiene leucemia, refirieron que el diagnóstico dice que la enfermedad fue propiciada por la convivencia prolongada con los polvos de Cal Beltrán.

En el encuentro con la familia narraron que afortunadamente el padecimiento se ha tratado en tiempo y forma, dado que el padre de la menor, Fermín Juárez, tiene acceso a seguridad social, atención que la llevó recientemente a atenderse en el hospital La Raza de la Ciudad de México, “nos dijeron que así se la va a pasar por tiempo indefinido, un mes con nosotros y un mes allá”.

 

Insisten petición pero no ha respuesta favorable

 

Se dijeron consternados porque ahora que regrese la menor no saben cómo le harán dado que toda la familia vive en Atotonilco y la niña ya no puede estar ahí. Dijeron que han solicitado la ayuda de Cal Beltrán pero que los representantes de la firma les dicen que no hay dinero para apoyarlos.

Consideraron que tal argumento es una falsedad ya que la empresa sigue en crecimiento, como lo ha hecho desde hace cerca de 100 años.

Comentaron que la fábrica empezó asentándose sólo en Bóvedas y que de ahí se ha extendido a través de las décadas a Loma Bonita y hacia el centro. “Siguen en la compra de terrenos”; reprocharon que aún así se nieguen a apoyar a sus familiares.

Para conseguir apoyo para mandar a la pequeña a vivir a otro lado, donde no haya contaminación, llamaron a autoridades de los tres niveles de gobierno para que hagan consciencia, se conmuevan por el caso y provean de asistencia para sacar a la infanta de ese ambiente nocivo.

El de la familia Juárez no es un caso aislado, al recorrer las calles de Bóvedas, Loma Bonita y finalmente el Centro se encuentran otros similares como el de los Alcántara, que en voz de una madre de familia (Mariana Alcántara) narran que una de sus hijas tiene bronquitis por causa de los polvos de la calera, y que su niña no puede salir a jugar al aire libre porque se complica la enfermedad. En el hogar de los Alcántara se realizó una exhibición en la que se dio cuenta de que basta dejar un automóvil a la intemperie un día para que se forme sobre él una gruesa costra blanca que sólo es posible remover si se vierte sobre la superficie afectada ácido a chorro.

En el mismo domicilio se mostró y comprobó que aún cerradas las puertas de los hogares entra el polvo, por lo que los vecinos denunciaron que ni aún en “la seguridad de su casa” están a salvo de la contaminación de la multicitada calera.

Por último sostuvieron que para que su menor hija pueda desarrollarse y jugar con normalidad la llevan a recrearse a la ciudad de Pachuca o en su defecto a Ciudad Cooperativa Cruz Azul, porque en Atotonilco no se puede, “cualquier zona está contaminada”.