Sin sustentos supuesta carga energética durante equinoccio

-Nada comprueba hasta ahora que exista cambio alguno en seres humanos

-Todo surgió con los inventos de Raúl Velasco, seguidor de otros personajes

PURAS PATRAÑAS

Ángel Hernández

La creencia de asistir a una zona arqueológica el 21 de marzo para recibir a la primavera y “cargarse de energía”, además de dejar las “malas vibras” acumuladas durante el año, carece de sustento científico, incluso esa idea es relativamente nueva, pues surgió en la década de los 70 con la aparición del término Nueva Era, sostuvo el arqueólogo residente de la zona arqueológica de Tula, Luis Manuel Gamboa Cabezas.

Al ser consultado sobre la veracidad de la “carga energética” que supuestamente tienen miles de turistas durante el cambio de estación, opinó que en los últimos tiempos es una práctica que ya se ve más que nada como negocio para los “chamanes, brujos, adivinos y sacerdotes” que acuden a los centros ceremoniales para efectuar limpias.

 

TELEVISIÓN. El experto insistió en que no existen pruebas ni científicas ni documentales que fundamenten que efectivamente la supuesta “energetización” es real y recordó que su origen está con el israelí Uri Geller, quien tenía la presunta capacidad de doblar una cuchara mediante una misteriosa energía o con el poder de su mente.

En este contexto el estudioso platicó que este personaje, en algún momento de su carrera, empezó a decir que los sitios donde existe presencia de pirámides son centros energéticos.

Pormenorizó que posteriormente un seguidor de Geller muy conocido en México, (Raúl Velasco) a través de su desaparecido programa “Siempre en Domingo”, se encargó de difundir esa creencia y no sólo por todo el país sino en toda América Latina, pero reiteró que esta percepción carece de sustento.

Opinó que tal costumbre, que cobró fuerza en las últimas décadas, es respetable pues las personas creen en ello y acuden año con año a “renovarse” a las zonas arqueológicas, pero ese concepto debe de ser desmitificado.

Enfatizó que vestirse de blanco también fue una moda que impuso Raúl Velasco y que tampoco existen fuentes que prueben que en la época prehispánica nuestros ancestros se pusieran indumentaria blanca o que hayan subido a las pirámides para recibir la energía del sol o del universo durante el equinoccio; “en México no existen pirámides sino plataformas troncocónicas que terminan con un templo principal, así que no se puede decir que las personas subían a las pirámides para cargarse de energía”.

 

DESINFORMACIÓN. Gamboa Cabezas añadió que otra prueba concluyente de que las “energetizaciones” contemporáneas no existían antes de la Conquista es que los monumentos, mal llamados pirámides, no eran para que el pueblo subiera en masa, sino que el ascenso estaba restringido a sacerdotes y algunos gobernantes, aseveró que el lugar del pueblo eran las plazas donde se encuentran normalmente los adoratorios; lamentó que a estos espacios la gente que visita zonas arqueológicas ni siquiera los tome en cuenta.

“Es muy triste que el 21 de marzo la gente venga a todo menos a admirar los monumentos que tienen enfrente, no ven los palacios y lugares que fueron sagrados, todos vienen concentrados en las cargas energéticas y limpias de brujos y adivinos, eso es algo condenable”.

Se mostró en contra de aglomeraciones en la antigua ciudad de los atlantes, pues insistió en que los templos no fueron pensados ni construidos para que cientos de personas y miles al día suban en ellos, pues lo único que hacen es dañar un patrimonio histórico y cultural de la humanidad.

En otro orden de ideas descartó que los ritos, musicalizaciones y danzas que actualmente se practican en el equinoccio de primavera sean las que practicaron los antepasados pues a través de los siglos se ha caído en un eclecticismo enorme; “se ha mezclado el todo con el todo, por lo tanto no podemos saber si las prácticas que se hacen son reales”, pero consideró que lo más probable es que no.

Señaló que los bailes, ceremonias y música que hoy se practican en antiguas ciudades prehispánicas probablemente también tienen su origen en los años 70, en el momento en que surgió el movimiento de los concheros en Veracruz, afirmó que ellos utilizan vestimentas prehispánicas e instrumentos musicales como sonajas, tambores y caracoles para reproducir sonidos que venden como milenarios, pero argumentó que tampoco existen fuentes documentales que puedan concluir de manera fidedigna que sus danzas y ritos sean los que realmente hacían nuestros antepasados.

Se refirió a las ceremonias efectuadas en el marco del equinoccio de primavera en el cerro sagrado para los toltecas de El Xicuco, u ombligo del mundo; “tengo entendido que suben a la punta del cerro y agradecen a los cuatro elementos por el cambio de estación, danzan e interpretan algunas canciones “ancestrales” y también se visten de blanco, utilizan listones rojos y amarillos, “pero la verdad es que de nuevo tenemos un eclecticismo muy grande que hace que no se tenga seguridad de la autenticidad de lo que ahí se practica”.

 

ENGAÑOS. De regreso a las danzas practicadas en la zona arqueológica y también a los rituales efectuados ahí cada 21 de marzo, sostuvo que está bien que algunos grupos realmente quieran conectarse y agradecer a los elementos, pero otras personas sólo acuden para estafar a los turistas y a causar daños en los monumentos, por lo que incluso se les ha llamado la atención y restringido algunas prácticas.

“Por ejemplo, los incensarios pueden ocasionar incendios o los aceites para ungir luego los derraman sobre los monumentos, causan daño al patrimonio y muchos sólo vienen a timar o a extorsionar al turista, ya que le cobran por sus servicios”.

Por último Luis Manuel Gamboa llamó a no dejarse sorprender por estas personas que sólo lucran con la falta de información del grueso de la población que asiste a “cargarse de energía” durante el equinoccio e invitó a visitar la zona arqueológica pero no una determinada fecha sino cualquier día del año, puesto que hay un patrimonio histórico y cultural que espera a los paseantes y que aún tiene mucho que ofrecer.