Suda la Conagua por posible cancelación de obras en Tula

-De frenarse el revestimiento del río tendría que devolver millones de pesos

-Ante la insistencia de pobladores que temen por más daños al medio ambiente

TODO EN CONTRA

Ángel Hernández

Enfrentaría la Comisión Nacional del Agua (Conagua) la eventual cancelación del revestimiento del Río Tula; tendría que reintegrar miles de millones de pesos a las arcas del gobierno federal por la oposición a los trabajos por parte de cientos de pobladores.

Conagua tendría hasta finales de mayo para aplicar recursos en los trabajos del afluente, de lo contrario deberá regresar el dinero, posteriormente si quisiera retomar las labores gestionaría nuevamente fondos económicos ante la federación, revelaron representantes de la dependencia en reciente reunión con ambientalistas y autoridades de los tres niveles.

Los servidores públicos reiteraron que están a punto de vencerse los plazos fatales, “para que haya una respuesta positiva de la ciudadanía hacia la obra, de lo contrario se podría perder”. Por ello, en mesa de trabajo efectuada el pasado viernes entre todas las partes señaladas, dijeron que intentan por todos los medios convencer a la población de que acepte la obra y pidieron un voto de confianza para terminar las labores, pues si los tres órdenes de gobierno supieran que el revestimiento es malo no insistirían en ejecutarlo, “no venimos a hacerles un mal, no queremos perjudicarlos”.

Defensores del ecosistema del río en tanto siguieron en la postura de rechazo, al argumentar que Conagua siempre ha engañado y actuado con dolo durante más de un año que lleva la obra en ejecución, además reprocharon que desde un principio no se haya socializado, “de haberlo hecho quizá no nos enfrentaríamos a estos problemas, lo que comienza mal termina mal”.

 

ANTECEDENTES. En febrero de 2017, cuando llegaron las cuatro compañías constructoras contratadas por Conagua para realizar el revestimiento, las inmobiliarias no informaron de los trabajos ni al ayuntamiento, por tanto carecían de permisos correspondientes para el seguimiento de la obra.

Por esta falta de licencias y ante las primeras molestias ciudadanas causadas por el paso de maquinaria pesada por las calles de colonias como 16 de Enero y La Malinche, las labores enfrentaron la primera suspensión por parte de la alcaldía, la cual se repitió en tres ocasiones más.

Por aquellos días las constructoras cayeron en desacato en distintas ocasiones y reanudaron trabajos sin permiso ante la tibieza del gobierno local, incapaz de hacer valer la autonomía municipal, pero comenzaron a surgir grupos de defensa del ecosistema del río, que respondieron con manifestaciones en rechazo a la tala de miles de árboles.

Transcurrieron varios meses sin que la suspensión se hiciera valer de manera efectiva, hasta que a comienzos de la segunda quincena de noviembre de 2017, los ecologistas organizaron una marcha multitudinaria para exigir al alcalde, Gadoth Tapia Benítez, pusiera mano dura y declarara la suspensión del proyecto hasta modificarse para salvar la mayor cantidad posible de árboles.

Ante la presión, el edil indicó que defendería los intereses de la ciudadanía, pediría enérgicamente a la Conagua parar la devastación realizada en el entorno del río, además de que la obra se suspendía de forma indefinida hasta lograr que los trabajos fueran sustentables y armoniosos con la naturaleza.

De manera paralela, el munícipe dijo que pediría a la comisión iniciar con la socialización de trabajos, que explicara a la población qué alcances y efectos tendría la obra, pero que si después de poner al tanto a la sociedad esta seguía inconforme, definitivamente los trabajos no continuarían.

 

PEROS. Pese al ordenamiento de suspensión decretada por la máxima autoridad del municipio, los trabajos continuaron (con tala de árboles incluida); en ese contexto las protestas siguieron, ya que con todo y sus cientos de árboles milenarios ya cortados Tula era considerada como la ciudad más contaminada del mundo.

Las inconformidades prevalecieron y ante ello las autoridades municipales acordaron con grupos ecologistas realizar una serie de gestiones ante Conagua para efectuar mesas de trabajo semanales, aclarar dudas y dar seguimiento a labores de manera consensuada.

Nuevamente se incurrió en desacato por parte de la Conagua, ante lo cual propios residentes de las colonias acudieron a parar la obra, acompañados de autoridades municipales.

A partir de entonces la suspensión se hizo válida parcialmente, cesó el corte de árboles y Conagua trabajó en la socialización de la obra, pero de manera ventajosa, pues explicaba las bondades del revestimiento, pero no decía que mandaría más aguas negras a Tula ni que se transformaría el río en un gran canal.

Por todo el cúmulo de anomalías expuesto y por estar en contra de que se envíe más contaminación del Valle de México hacia la antigua capital tolteca mediante el Túnel Emisor Oriente (TEO), los pobladores mantienen su rechazo al proyecto, el cual propios funcionarios de la Conagua insistieron en que podría perderse.