Descomposición social, ya a nadie sorprende

Carlos Camacho

Quizá por la frecuencia con que se cometen diversos delitos en nuestra entidad, hemos perdido la capacidad de sorpresa e indignación y parece ya no ser noticia cuando, en Chilcuautla, un centenar de vecinos hizo justicia por propia mano al prender fuego a un presunto delincuente o que, en Tizayuca, madre e hijo hayan sido baleados a la puerta de su casa, que indignados vecinos con el incumplimiento de una obra en San Salvador hayan retenido al secretario del ayuntamiento.

Que en la comunidad de Mogotes, en el mismo municipio de Tizayuca, hayan aparecido los cuerpos de dos jóvenes agredidos con arma blanca, sin que hasta ahora se sepa la razón de sus muertes y menos aún se conozca a los responsables.

La impunidad es quizá el mayor flagelo que azota a nuestro país, donde se pueden cometer atracos a comercios, se puede despojar a comensales en las fondas o restaurantes con la mayor frialdad y con esa misma sensación se robe una vivienda.

Apenas la semana pasada nos enteramos de que en pleno bulevar Felipe Ángeles, cuando despuntaba el día, fue victimado a balazos Esteban Javier Reyes Hernández, quien en 2009 era subdirector de la Policía Judicial.

Ni qué decir del caso el 29 de junio de este año, cuando desapareció misteriosamente una auxiliar administrativa del gobierno municipal de Pachuca y casi dos meses después haya aparecido muerta en el municipio de Metztitlán, con huellas de tortura.

El sábado próximo comienza el mes de septiembre, esperado por millones de ciudadanos que el pasado primero de julio con su voto hicieron renacer la esperanza de que las condiciones actuales que vivimos en el país, cambien para bien. Un nuevo gobierno, con una mayoría legislativa, podría hacernos pensar que esta vez sí las cosas serán mejor.

 

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