Manual de la feminista XI

Amira Corrales

Agradezco su lectura en el regreso de un breve receso que tomé. En esta ocasión hablaremos de la importancia que las mujeres conozcamos nuestro cuerpo y su funcionamiento. Ya en entregas pasadas tocábamos el tema de que una buena feminista se conoce, previene y cuida. Pero, para que podamos saber cuándo estamos pasando por un momento de mala salud, es indispensable conocernos en la normalidad de nuestro funcionamiento y anatomía. No me cansaré de repetir que  las clases de anatomía deberían ser un rubro importante de nuestra educación, sin tapujos y tabúes, ya que la ignorancia genera miedo e incluso fanatismos aberrantes que nos quitan la propiedad de nuestros cuerpos femeninos, que no pasa así con los cuerpos masculinos. Debido a esto, invito a todas mis compañeras a que se permitan conocerse. Una técnica muy usada en educación sexual, es invitarnos a ver nuestros genitales a través de un espejo colocado en el piso y realizando cuclillas, identificando nuestras partes anatómicas visibles: labios mayores, labios menores, clítoris, capuchón del clítoris, meato urinario, abertura vaginal, perineo y ano. Conociendo su forma, su textura, su color, sabremos identificar cuándo algo no anda bien y requerimos ayuda médica. Así mismo, es importante aprendernos los nombres de nuestros genitales por sus nombres médicos –aquellos que acabo de mencionar líneas antes- y olvidar los sobre nombres que no abonan en nada a nuestra educación sexual. Después invito a consultar esquemas sobre nuestros órganos internos femeninos: vagina, útero, endometrio, trompas de Falopio u oviductos, ovarios y óvulos, y que conozcas cuál es el funcionamiento de cada uno en el periodo de ovulación-menstruación, embarazo, parto y puerperio –etapa posterior al parto, donde se vuelve al funcionamiento normal-. Conocer las implicaciones biológicas, psicológicas, hormonales y sociales es de gran ayuda para entendernos y saber qué hacer en caso de crisis, enfermedad, relación de pareja, etc.