Evo

David Tenorio

América Latina ha sido escenario de importantes protestas, hace algunas semanas atrás Ecuador y Chile vivieron problemáticas sociales similares.

En Ecuador la inconformidad social se inició a partir de que el gobierno de ese país acordara con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para obtener créditos por más de US$4.200 millones, reducir el déficit fiscal. Para ello anunciaron medidas de austeridad, entre la que destacó la  eliminación de subsidios a combustibles vigentes desde hace cuatro décadas.

Dos semanas después en Chile se anunció un alza de 30 pesos en el precio del metro, como respuesta centenares de chilenos iniciaron las famosas “evasiones masivas”. En redes sociales y en televisión pudimos apreciar cómo se saltaban los torniquetes y también cómo vandalizaban unidades e instalaciones.

Los recientes resultados electorales en Argentina y Bolivia  pueden dar pie a especular sobre un efecto regional como consecuencia a los gobiernos de izquierda.

En Bolivia el líder de izquierda, Evo Morales, fue reelecto por cuarta ocasión y se le acusó de manipular las elecciones y violar la Constitución. Como consecuencia el Ejército de ese país, con apoyo de diversos sectores, exigió que el presidente boliviano renunciara, después de 14 años en el poder.

La exigencia militar puede equipararse a golpe de estado, de no convocarse nuevamente a elecciones para disipar cualquier sombra de duda.

Nuestro país, en apego a la Constitución, concedió asilo al expresidente. Algunas organizaciones empresariales y sectores en el país en el ejercicio de su derecho de expresión se han manifestado en contra. El quid no es evaluar si fue democrático o no su mandato o si fue un buen o mal gobernante. Nuestra Carta Magna, en el artículo 11, establece el derecho al asilo para cualquier extranjero que lo solicite, ya sea por ser perseguido en su país o corra riesgos su vida.

Puede cuestionarse, pero fue concedida en apego a la ley, acción humanitaria que debemos celebrar al tener sustento en nuestra Carta Magna.