Abuso sexual infantil en México

Amira Corrales

Es apenas en el siglo XX cuando las sociedades comienzan a legislar en materia de protección de la niñez. La Asamblea General de la ONU, en 1989, conviene el primer documento internacional sobre los derechos de la infancia, emanado de la Convención sobre los Derechos del Niño (en español). En ella los derechos de la infancia son inalienables, pero también las obligaciones de los Estados, los poderes públicos, instituciones, padres y madres y la sociedad en su conjunto, para garantizar el respeto de esos derechos y su disfrute por todos los niños y niñas sin excepción. Este tratado internacional de derechos humanos, ha sido ratificado por 196 Estados miembros de la ONU. La Convención tiene 54 artículos, de los que destacan la protección hacia niñas y niños contra todo tipo de violencia, explotación, a la educación, al más alto nivel posible de salud, y a beneficiarse de políticas sociales que garanticen un nivel de vida adecuado para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral y social. México es un país miembro de las Naciones Unidas y uno de los países que ha ratificado la Convención, sin embargo, también ocupa el muy desafortunado, triste y miserable primer lugar en abuso sexual infantil, según cifras de la OCDE, registrando 5.4 millones de casos al año. Mientras que el INEGI reporta que al menos 4.4 millones de mexicanas de 15 años y más sufrieron abuso sexual. A pesar de estos lamentables datos duros, parte de la sociedad mexicana: no está de acuerdo en ofrecer educación sexual desde el preescolar; no denuncia abusos sexuales realizados por familiares a niños o niñas para que no se “rompa” la estabilidad familiar; sigue confiando en adultos con dudoso comportamiento sexual para que cuiden de sus hijas e hijos; la Iglesia continúa ocultando cifras y protegiendo a pederastas y pedófilos; dejamos sin vigilancia a los niños y niñas en sus juegos; no existen políticas públicas de larga duración para atender a niñas y niños y generar registros de pederastas y pedófilos y muchos etcéteras. Por eso ayer, marchamos en Pachuca, para hacer conciencia de este terrible mal.

 

[email protected]