Visión del Artillero

David Edmundo López García

 Felipe Ángeles Ramírez (1869-1919) un hombre recio, honorable, fiel, de esos que prefieren morir a traicionar sus ideales, que vivió una época convulsionada en la que la vorágine de la revolución mexicana, que acabó con su vida por utilizar la verdad como una luz que resultó demasiado fuerte para esos acostumbrados a vivir entre tinieblas. (Es cierto: “Una vela en la obscuridad es mas brillante que el sol”.)

Ángeles, acostumbrado a tratar con el pueblo, por ser parte de él, por estar con los humildes, por defender a libertad, y con fraternidad, principios fundamentales en la vida del hombre y de las revoluciones sociales por lograr un cambio para reivindicar a los pobres, hacer justicia y repartir la tierra; él evitaría los abusos y desigualdad, prácticas comunes en un país gobernado por la dictatura y una naciente tiranía que acabaron con Madero y Pino Suárez; maquinadas, por la falsedad , el inadecuado conocimiento de una mentalidad intolerante propia de Victoriano Huerta, que respetaría la vida del general al darse cuenta de la inmensa figura; que se agitaba en las más altas esferas de la milicia; que le favorecieron al no ser parte de la “llamada decena trágica”, pero que tiempo mas tarde sería su sentencia de muerte, al no ceder a los caprichos de Carranza , que veladamente iría preparando el camino para deshacerse del insigne general, que al igual que Zapata y Villa, serían la piedra en el zapato que molesta, que incomoda, que va creando una silueta, que toma cuerpo que conforme pasa el tiempo crece como un torbellino que tarde o temprano se cobra factura.

Así el general llega al final de su brillante carrera que estaría rodeada por falsedades que endulzaban el oído, acostumbrado a la mentira, que es el veneno que corrompe, adultera y adormece. (Agradezco a Víctor Arturo Vergara para la elaboración de esta columna).