Infracciones

Juan José Herrera

 Bajo el auspicio, o cuando menos con conocimiento, del titular del Módulo de Infracciones de Tránsito en Pachuca, Manuel Paniagua Rodríguez (“el lic”, como lo llaman sus subordinados), acontecen situaciones bastante raras en dicha área.

De entrada hubo un crecimiento exponencial en reportes durante los últimos meses del año pasado por parte de afectados con el retiro de placas a “diestra y siniestra”, que muchos automovilistas consideraron un verdadero abuso.

Lo más extraño de estos casos fue la manera en que los propios uniformados del ayuntamiento, bajo las órdenes generales del secretario de Seguridad Pública Municipal, Rafael Hernández Gutiérrez, abordaban a presuntos violadores de las leyes de tránsito capitalinas, pues al detenerlos lanzaban peroratas relativas a malos sueldos, pocas prestaciones y pésimas condiciones laborales en general, como discurso bien aprendido para la consabida “mordida”.

Para aquellos que no se dejaron “extorsionar” en el momento tuvieron que “sufrir las de Caín” con todo lo que implica que les levantaran las respectivas multas y el quite de placas, que luego deben recogerse en el ya referido módulo, a un costado del estadio Revolución Mexicana.

Fue ahí donde la sorpresa invadió también, pues no sólo se consideró el habitual descuento por pronto pago de sanciones (durante los primeros 30 días tras la infracción), sino que además “el lic” ofreció “descuentos adicionales”.

Por ejemplo, una de las puniciones más caras (que aplicaron sobre vía federal) en la México-Pachuca al invadir el carril destinado al retorno del Tuzobús (donde por cierto no hay señalamientos de prohibición), registró la cantidad de 6 mil pesos; sin embargo, luego de acudir al área y hablar con personal del mismo los infraccionados terminaron pagando poco más de mil pesos.

No obstante (y he aquí el meollo del asunto), para alcanzar dicho beneficio primero debió negociarse con la autoridad un pequeño “moche” que consistió, en algunos casos, en paquetes de agua embotellada, de refrescos y hasta bolsas de dulces, bajo el supuesto de que tal espacio ofreció dichos productos a quienes llegaron para realizar este tipo de trámites.

Habría que preguntarle a la alcaldesa, Yoli Tellería (si es que ya regresó de vacaciones), si tiene conocimiento de tales prácticas, si no afectan la imagen de esta dependencia y, por último ¿a dónde van a parar todos los productos que solicitaron y cuál es el verdadero motivo?

¿El módulo de infracciones no infringe con esto la ley?

 

      Twitter: @juanjo_herrerap