Berliner Mauer

David Edmundo López García 

La noche del 9 de noviembre de 1989, el mundo recibía con asombro las escenas de la caída del Muro de Berlín, después de 28 años de su construcción, miles de berlineses del este podían cruzar por la línea fronteriza “Check Point Charlie”, y ser recibidos con euforia en el lado occidental, las constantes imágenes de jóvenes que se alzaban victoriosos sobre el muro, los fragmentos de paredes que se desplomaban por el impacto de los mazos, y los canticos germánicos anunciaban vientos de cambio y libertad; lo presenciado fue resultado de los esfuerzos de meses de manifestaciones e inmigración hacia Hungría y Checoslovaquia, consecuencia de una profunda crisis económica y social por parte del gobierno alemán y una total desatención del Kremlin.

Los años de miedo y represión por parte del Ministerio de Seguridad del Estado (STASI) quedaban atrás, los berlineses del este ya no tenían que escapar por alcantarillados, maletas, túneles, y demás temerarias formas de cruzar el muro, evitando así el paso por la franja de la muerte con sus torres de vigilancia, minas, malla de púas, armas automáticas, perros entrenados, entre otros. La caída de la Cortina de Hierro fue el preámbulo del derrumbe del bloque comunista de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (U.R.S.S.) Mikhail Gorbachev y su Perestroika (Reestructuración), concedían a occidente la apertura de sus fronteras dentro del régimen soviético obsoleto.

Para concluir, enfatizo que la conmemoración del 30 aniversario de la caída del “Berliner Mauer”, nos invita a reflexionar lo sucedido, para dejar de lado la división y el señalamiento, debemos continuar demoliendo los muros intangibles que limitan la libertad de expresión, la tolerancia racial, religiosa, ideológica, política y ahora hasta en redes sociales; mantengamos la mente abierta en la búsqueda de alcanzar la libertad, permitamos la oportunidad de conceder respeto y empatía por los demás; y en consecuencia dejaremos de poner otro ladrillo más al Trump´s Wall. (Agradezco a Christian Falcón Olguín, por la elaboración de esta columna)