Virus

David Edmundo López García 

Las sociedades han tenido flagelos que las han devastado. Se presentan de formas cíclicas con repeticiones que ponen en entredicho si las medidas preventivas son suficientes para paliar los males que provocan.

Hoy un mal añejo aqueja a nuestra sociedad. Un mal que carcome la cimiente de nuestra familia y somete voluntades. Ese mal, ese virus que se contagia y acaba sociedades, pueblos o estructuras es la ignorancia en la que se sumergen “gente buena y noble” que con sus creencias culturales e ideas de magia ritual, es propensa a ser presa fácil de gente sin escrúpulos que juega con sus mentes e ideas.

Las sociedades anhelan un paliativo a sus males y buscan remedios que le consuelen con entidades supra normales. En ese intento de reencuentro con su estabilidad emocional, personas sin escrúpulos los hacen sus seguidores para “limpiarlos” de sus males y lo único que se obtiene es una falsa mejoría de sus dolencias materiales y espirituales.

La gente con esa imperiosa necesidad de evadir su realidad, es presa fácil de personas que -aún bajo sospecha de un posible engaño- confían en ellos. Es la ignorancia y credulidad lo que les nubla la visión. Pero, ¿quién pone orden en este concierto humano de falsedad y manipulación?

Cómo hacer entender que todo es un engaño en aras de la ambición y explotación? Es entonces que la cura de este virus recae sólo en la educación, en el aprendizaje y el estudio constante que le permitirá descubrir y tirar la venda de sus ojos: el velo de la ignorancia.

Todo conocimiento ayuda al cuerpo, al alma y son en conjunto lo que le darán el tan anhelado equilibrio. Sólo la educación salva las dificultades que someten. Descubrir el valor del conocimiento y del autoconocimiento es la senda para evitar el dolor de ese virus que, por fortuna, siempre ha tenido cura.